You are hereForums / Los Libros de Harry Potter / FanFic: Historias escritas por los fans / 1. La carta de Hogwarts
1. La carta de Hogwarts
Era un oscuro día de otoño, y se encontraba sola en la casa. O casi. Su hermanito pequeño, que acababa de cumplir cinco meses, dormía pacíficamente en su cuna. Tenía que cuidarlo, pues el resto de la familia se había marchado a una entrega de premios del Ministerio, ella estaba enfadada por algo, no recordaba el qué, y no había querido ir...
De repente, un berrido tremendo y agudo interrumpió su silencio. Andrew gritaba muchísimo para lo pequeño que era. Desesperada, ella trató de calmarlo, pero era imposible... Quizás si le diera el biberón... Pero todavía no era la hora... Bueno, no importaba, el crío tenía hambre y sus padres tardarían bastante en llegar. La niña calentó la leche, que por alguna extraña razón tardó más de lo normal, llenó el biberón y sacó al lloroso bebé de la cuna. Él comenzó a beber, satisfecho... El biberón se estaba vaciando rápidamente... Pronto lo acabaría... Y, entonces...
Andrew volvió a gritar, pero esta vez no fue un grito normal. Era un grito espeluznante, que hizo que ella se diera cuenta de que el niño sufría un terrible dolor... Su hermanito se desplomó, sacudido por unas enormes convulsiones, pero no tardó mucho en quedarse completamente inmóvil, mientras el último rayo de vida se iba alejando de su cuerpo... Ella gritó pidiendo ayuda, pero nadie podía oírla... Sintió como si también se hubiera bebido aquella terrible poción, que no sabía cómo había llegado hasta allí... Se iba a morir, se iba a morir de la desesperación, sin que nadie pudiera hacer nada...
Leanne Olsen se despertó de golpe, angustiada. Se incorporó lentamente y permaneció sentada en la cama, pensativa. Hacía mucho que no tenía esos horrendos sueños sobre lo que había pasado cuando tenía siete años y se había quedado a cuidar de su hermanito Andrew, pero todavía se sentía muy culpable por ello. Sus padres le habían dicho que ella no había tenido la culpa, pero Lea sabía (y estaba convencida de que ellos también) que se había comportado como una idiota al coger un bote de leche que estaba medio escondido en la despensa, en vez de coger uno de la cocina, como hacía siempre. Más tarde, cuando empezaron a investigar, descubrieron que ese bote envenenado había sido depositado en su casa hacía años por la mortífaga Bellatrix Lestrange, una de los muchísimos seguidores y seguidoras del mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos, lord Voldemort. Sin embargo, era raro que la leche envenenada hubiera permanecido tantos años en su casa sin que se dieran cuenta, ya que Voldemort había sido derrotado casi dos meses antes de que Lea cumpliera un año, el 31 de Octubre de 1994, por un bebé llamado Harry Potter. El niño era muy famoso en el mundo mágico, pero, que ella supiera, nadie lo había visto nunca, y corría el rumor de que vivía con sus tíos muggles (es decir, no mágicos). Los padres de Lea le habían contado que era un gran misterio el motivo por el que ese bebé había vencido al gran mago tenebroso, con toda la gente que éste había matado anteriormente, incluídos los padres del propio Harry Potter. Sin embargo, el niño había sobrevivido a la maldición asesina de Voldemort, sin sufrir ningún daño excepto una cicatriz con forma de rayo en la frente, y el poderoso mago había desaparecido. Mucha gente llamaba a Harry "El niño que sobrevivió", y creían muerto a Voldemort, pero los padres de Lea decían que seguramente siguiera por ahí, demasiado débil para continuar.
Mientras pensaba en todas estas cosas, a la niña le iba entrando de nuevo el sueño. Cogió a Bobby, su gato negro, del suelo y lo metió en la cama con ella. Minutos después, Leanne volvía a estar profundamente dormida.
- ¡Lea! ¡Vamos, despierta, canija! ¡Han llegado las lechuzas de Hogwarts!
Lea abrió los ojos. Su hermano Edmund, quien acababa de cumplir trece años, daba brincos delante de ella. Era un muchacho delgado pero fuerte, de pelo castaño rojizo, ojos redondos y marrones, y algunas pecas sobre su larga nariz. Era un chico divertido que solía portarse muy bien con Lea, aunque había extrañas ocasiones en que cambiaba durante unos instantes su actitud hacia ella. Por desgracia, Edmund era bastante rencoroso, y Lea sabía que había apreciado mucho al pequeño Andrew. La pobre niña se sentía fatal cada vez que pensaba en estas cosas. Sin embargo, en ese momento su hermano estaba de muy buen humor, así que Lea saltó de la cama, contenta.
- Cuando te hayas vestido, baja a la cocina.- le dijo Edmund, y se fue.
Lea se miró al espejo. Siempre lo hacía al levantarse, aunque no sabía por qué. Su reflejo le devolvió la mirada. Era una niña alta y muy delgada, con el pelo liso y castaño claro, facciones suaves y más pecas en la cara que toda su familia junta. Sus ojos eran almendrados y de color castaño oscuro. Habitualmente tenían una mirada culpable, pero ese día, pese al sueño tan terrible que había tenido, su mirada era de intensa emoción. Se vistió rápidamente y bajó las escaleras de tres en tres. Toda su familia estaba ya en la cocina: Nigel, el mayor de sus hermanos, un chico alto que se parecía bastante a Lea excepto en la boca y en que él apenas tenía pecas; Madeleine, la más pequeña, que iba a cumplir nueve años (tenía casi dos menos que Lea, ésta cumpliría once en Diciembre); Brian, su padre, un mago alto de pelo castaño que trabajaba en el hospital mágico, San Mungo; Edmund, y Helen, su madre, una bruja delgada, pelirroja, de ojos azules y aspecto nervioso. Trabajaba como ayudante en una tienda de mascotas, y había algo muy peculiar acerca de ella, que solamente Lea había heredado: ambas eran animagas, es decir, que adoptaban forma de animales cuando querían. Helen se transformaba en un gato tricolor de grandes ojos azules, mientras que Lea era también un gato, pero rubio atigrado y de ojos castaños. Eran animagas por naturaleza, no habían tomado ninguna poción para serlo como otros magos y brujas, probablemente fueran únicas en el mundo. Sin embargo, casi nunca se transformaban, la verdad era que no tenían motivos para hacerlo.
- ¡Hola, cariño!- exclamó su padre, al darse cuenta de que Lea estaba allí.- Tu carta está en la mesa.
La niña se acercó lentamente y vio un sobre grueso y pesado, hecho de pergamino amarillo, la dirección escrita con tinta verde esmeralda. En ese momento se sintió muy feliz. Hogwarts era el mejor colegio de magia del mundo, y sus hermanos y primos mayores le habían hablado tanto de él que estaba deseando ir. Había siete cursos. Edmund iba a empezar el tercero, mientras que el responsable Nigel estaría ya en cuarto.
Lea abrió la carta con cuidado y leyó la primera página.
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA
Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase,
Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación
Internacional de Magos)
Querida señora Olsen:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1 de Septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de Julio.
Muy cordialmente,
Minerva McGonagall
Directora adjunta
Lea cogió la segunda hoja de pergamino. A su lado, su madre ya estaba enganchándole la carta que aceptaba su plaza a Honey, la lechuza color miel de la familia.
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA
UNIFORME
Los alumnos de primer año necesitarán:
-Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
-Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
-Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).
-Una capa de invierno (negra, con broches plateados).
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
-El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
-Una historia de la magia, Bathilda Bagshot.
-Teoría mágica, Adalbert Waffling.
-Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.
-Mil hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore.
-Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.
-Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.
-Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble.
RESTO DEL EQUIPO
1 varita.
1 caldero (peltre, medida 2).
1 juego de redomas de vidrio o cristal.
1 telescopio.
1 balanza de latón.
Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.
- Bueno, supongo que tendremos que ir a comprar todo cuanto antes al callejón Diagon - suspiró la madre, sirviéndoles el desayuno. El callejón Diagon estaba en Londres, y, en opinión de Lea, era el mejor sitio para que los magos y brujas fueran de compras.- Por supuesto que muchas cosas podemos ahorrárnoslas. Todavía tengo en el desván algunos libros viejos de Ed y Nigel para ti, Lea, además de varios calderos y balanzas. Y puedo preguntarle a Molly si tiene algún telescopio que no vayan a utilizar sus hijos.
Molly y Arthur Weasley eran los tíos de Lea, Edmund, Madeleine y Nigel. Arthur era hermano de su madre. Los Weasley eran muy buenos y pobres de solemnidad. Tenían seis hijos y una hija, Ginny, que tenía un año más que Madeleine y era la menor de los siete. Ron, el más pequeño de los hijos varones, tenía once años y también iba a comenzar ese año sus estudios en Hogwarts. Todos los Weasley eran pelirrojos y con pecas, al igual que la madre de Lea. Alguna gente opinaba que Brian Olsen había cometido un grave error al casarse con una Weasley, y todo porque él era el último descendiente vivo de Rowena Ravenclaw, una de las importantes fundadoras de Hogwarts. Su padre siempre le quitaba importancia a eso, aunque Lea había notado que siempre insinuaba que Ravenclaw era la mejor de las cuatro casas del colegio y, además, se había sentido muy orgulloso cuando sus dos hijos mayores le informaron de que los habían puesto en esa casa. Todos los Weasley, sin embargo, pertenecían a Gryffindor. Todos, excepto Helen, que por alguna extraña razón había sido de Ravenclaw. Lea suponía que la iban a poner también en Ravenclaw, como a sus padres y a sus hermanos, pero no podía evitar desear pertenecer a otra casa. Eso desilusionaría a sus padres, pero de alguna manera la haría diferente. Aunque no lo reconociera, a Lea le gustaba sentirse especial.

Bueno, no es gran cosa, pero si alguien lo lee espero que le guste :$
Si sigo colgando trozos, procuraré que no sean tan largos.
Saludos!
nary muy interesante
la verdad me gusto no te procupes de los trozos que sean cortos mientras actualices estare feliz gracias por pasar a mi fic y la verdad que el tuyo esta muy interesante
me dejaste muy picada
asi que
ACTUALIZAAAAAAAAAAAAAAAAAA
xfa
Gracias Andreovska :)
Empezaba a preocuparme que a nadie le gustase mi fic!
Ahí va otra parte...
Dos días después de haber recibido las cartas, se decidió que solamente irían a comprar el material Helen, Molly y los hijos de éstas que iban a asistir a Hogwarts durante aquel curso. El 20 de Julio por la mañana, Ed, Nigel, su madre y Lea se colocaron muy juntos alrededor de un viejo zapato que los llevaría al callejón Diagon. Era un traslador, un objeto hechizado para transportar a magos y brujas.
- Vamos, tocad el traslador- ordenó la madre -. Muy bien, cuando cuente tres. Uno... dos... ¡Tres!
Lea sintió como si un gran gancho tirara de ella hacia delante con una fuerza irresistible. Iba a enorme velocidad en medio de un remolino de colores, su dedo índice pegado al zapato, hasta que...
Por fin, tocó tierra. Se encontraba en el patio trasero de un cochambroso bar llamado el Caldero Chorreante, que solo veía la gente mágica. Su madre y sus hermanos estaban allí, también.
- Tres arriba... dos horizontales... -murmuraba Helen, tocando con su varita una pared de ladrillo-. Perfecto. Un paso atrás, niños.
Dio tres golpes a la pared, con la punta de la varita mágica.
El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado bastante grande, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.
El sol brillaba iluminando numerosos calderos, en la puerta de la tienda más cercana. "Calderos - Todos los Tamaños - Latón, Cobre, Peltre, Plata - Automáticos - Plegables", decía un rótulo que colgaba sobre ellos.
- ¡Pero bueno! - protestó la madre, pues Lea y Edmund se habían acercado al escaparate y contemplaban un precioso caldero de plata que se plegaba y se desplegaba solo. - Como os vayáis parando en todas las tiendas, tendremos que quedarnos a dormir aquí. Andando, antes de reunirnos con los demás tenemos que parar en Gringotts.
Gringotts era el banco mágico, muy seguro y dirigido por gnomos, aunque se rumoreaba que había dragones vigilando las cámaras de alta importancia. A Lea no le gustaban los gnomos, le parecía que se creían muy superiores a los humanos.
Caminaron calle arriba durante unos diez minutos, hasta que finalmente se pararon frente a un edificio blanco como la nieve, que se alzaba sobre las pequeñas tiendas. Delante de las puertas de bronce pulido, con un uniforme carmesí y dorado, había un gnomo. Era una cabeza y media más bajo que Lea, tenía un rostro moreno e inteligente, una barba puntiaguda y dedos y pies muy largos. Cuando entraron los saludó. Entonces encontraron otras puertas dobles, esta vez de plata, con unas palabras grabadas encima de ellas.
Entra, desconocido, pero ten cuidado
Con lo que le espera al pecado de la codicia,
Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,
Deberán pagar en cambio mucho más,
Así que si buscas por debajo de nuestro suelo
Un tesoro que nunca fue tuyo,
Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado
De encontrar aquí algo más que un tesoro.
- Hay que estar loco para intentar robar aquí, ¿verdad? - le preguntó Lea a su madre, y ella asintió.
Dos gnomos los hicieron pasar por las puertas plateadas y se encontraron en un amplio vestíbulo de mármol. Un centenar de gnomos estaban sentados en altos taburetes, destrás de un largo mostrador, escribiendo en grandes libros de cuentas, pesando monedas en balanzas de cobre y examinando piedras preciosas con lentes. Las puertas de salida del vestíbulo eran demasiadas para contarlas, y otros gnomos guiaban a la gente para entrar y salir. Nigel, Edmund, su madre y Lea se acercaron al mostrador.
- Buenos días - dijo Helen a un gnomo desocupado -. Venimos a sacar dinero de la caja de seguridad de la familia Olsen.
- Hay muchas familias que se apellidan Olsen - observó el gnomo, taladrándolos con la mirada.
- Esto... sí, claro - se mostró de acuerdo la madre, quien siempre se inquietaba cuando iban al banco -. Nosotros somos la familia Olsen Weasley.
- ¿Tiene su llave, señora?
- Sí, sí - dijo Helen, sacando del bolsillo de su túnica una pequeña llave dorada - Aquí tiene.
El gnomo la examinó de cerca.
- Todo en orden. Voy a hacer que alguien los acompañe abajo, a la cámara. ¡Bogrod!
Bogrod era otro gnomo. Lea y su familia lo siguieron hacia una de las puertas de salida del vestíbulo, y, cuando éste la abrió, se encontraron en un estrecho pasillo de piedra, iluminado con antorchas. Se inclinaba hacia abajo y había unos raíles en el suelo. Bogrod silbó y un pequeño carro llegó rápidamente por los raíles. Subieron y se pusieron en marcha.
No era la primera vez que Lea estaba en Gringotts, por supuesto, pero siempre se lo pasaba muy bien durante el descenso en el carrito, que iba muy rápido. Al principio fueron a través de un laberinto de retorcidos pasillos, pero después iban cada vez más abajo, pasando por un lago subterráneo.
La cara de Helen se había puesto muy pálida. Lea suspiró. Su madre siempre se mareaba en los carritos. Cuando por fin se detuvieron ante la pequeña puerta de la pared del pasillo, Helen se bajó en seguida, aliviada.
Bogrod abrió la cerradura de la puerta. Una oleada de humo verde los envolvió. Cuando se aclaró, pudieron ver montículos de monedas de oro, plata y bronce. Era dinero mágico: diecisiete sickles de plata hacían un galeón y veintinueve knuts equivalían a un sickle, para Lea era muy sencillo.
Nigel ayudó a su madre a poner una cantidad en una bolsa, y luego volvieron al carrito.
Después de la trayectoria, salieron parpadeando a la luz del sol, fuera de Gringotts.
- ¿Dónde estará Molly? - preguntó Helen, consultando su reloj - Me dijo que estarían aquí a las diez y media como muy tarde.
- ¡Mira, mamá! - exclamó Lea, señalando hacia las puertas del banco. Una mujer regordeta y pelirroja salía en ese momento, acompañada de cuatro muchachos, también pelirrojos. Percy era un año mayor que Nigel, y llevaba todo el verano fardando de que lo habían nombrado prefecto de Hogwarts. Lea no lo aguantaba, ni tampoco lo hacían Fred y George, los gemelos Weasley, que tenían la misma edad que Edmund. Ron, el menor, iba al lado de su madre, con cara de aburrido.
- ¡Cuánto me alegro de veros! - dijo Molly Weasley, dando un afectuoso abrazo a sus sobrinos.
- ¿Qué tal, Lea? - le preguntó George, pellizcándola en la nariz. Ella rió - Primer año en Hogwarts también, ¿no?
- Menos mal, ya tenemos a alguien con sentido para que vigile a Ron - bromeó Fred. - Nosotros dos estaremos muy ocupados, ya sabes, somos tan estudiosos...
Molly lanzó una mirada de advertencia a los gemelos. Ellos sonrieron, pero no dijeron nada más. Fred y George no eran muy trabajadores, pero Lea los consideraba graciosísimos, y, por lo que sabía, en Hogwarts eran bastante populares.
- Bueno, será mejor que vayamos a Madame Malkin primero a comprar los uniformes - sugirió la madre de Lea -. A mi hija le queda grande la túnica vieja de Ed, creo que necesita una nueva.
- Sí, y yo - dijo Ron esperanzado, pero su madre lo cortó de inmediato.
- ¡Nada de eso! Llevarás la túnica vieja de Bill.
Bill era el mayor de los hermanos Weasley, ya había terminado el colegio y estaba trabajando en África. Charlie, el segundo mayor, estaba estudiando dragones en Rumania.
Madame Malkin era una bruja sonriente y regordeta, vestida de color malva. Sonrió a Lea y Percy cuando entraron en su tienda. Los demás, como no necesitaban ropa nueva, habían ido a comprar los libros. A Fred, George y Ron les había sentado fatal que Molly permitiese a Percy comprarse una túnica nueva, solo por ser prefecto.
- ¿Hogwarts, guapos? - dijo Madame Malkin - Tengo muchos aquí...
La bruja puso a Lea en un escabel al lado de otro, donde se colocó Percy, y le deslizó por la cabeza una larga túnica negra.
Un cuarto de hora más tarde ya tenían sus uniformes nuevos, así que se reunieron con los demás en Flourish y Blotts, la tienda de libros. Helen y Molly ya habían comprado todos los que necesitaban, por lo que se fueron directamente a la droguería.
- Necesitaremos comprar calderos y balanzas para Ron y para mí, ¿verdad? - le preguntó Lea a su tía.
- ¿Qué? - dijo Molly, distraída, mientras escogía un surtido de ingredientes básicos para pociones - ¡Ah! No, cielo, estoy segura de que ambos podréis utilizar los de vuestros hermanos mayores.
Lea miró a Ron, que parecía tan decepcionado como ella. A ninguno de los dos les hacía mucha gracia ir al colegio con cosas de segunda mano. "Bueno", se consoló Lea, "por lo menos mi uniforme sí que es nuevo".
- Bueno, ahora podemos ir al Emporio de la Lechuza, ¿qué os parece? - anunció Molly, contenta, cuando salieron de la droguería.
- ¿Para qué? - se extrañó Fred - ¡Si ninguno de nosotros tiene lechuza propia!
- Ya lo sé, cariño, pero como Percy es prefecto ahora, le voy a comprar una.
Lea sintió una oleada de rabia, y estaba segura de que los demás también, por las caras que pusieron. Estaban acostumbrados a Percy, pero ¡aquello ya era el colmo del favoritismo! Sin embargo, Molly y Helen no hicieron ningún caso de sus protestas, y poco tiempo después salían del Emporio con una bonita lechuza, a la que Percy llamó inmediatamente Hermes.
- Solo nos quedan las varitas - dijo la madre de Lea, examinando una lista.
- Querrás decir la varita, querida, porque Ron utilizará la vieja de Charlie - replicó Molly despreocupadamente.
- ¡¡No!! - gritó Ron. Aquello ya era más de lo que podía soportar - ¡No se consiguen buenos resultados con la varita de otro mago, mamá! ¡Y yo estaba deseando tener una propia! ¡Me niego a llevar la de Charles!
Todavía se oían las protestas del pobre Ron cuando Lea se acercó con su madre a Ollivander, el mejor lugar donde vendían varitas. Era una tienda estrecha y de mal aspecto. Sobre la puerta, en letras doradas, se leía: "Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C.". En el polvoriento escaparate, sobre un cojín de desteñido color púrpura, se veía una única varita.
hola nary no puedo decirte nada aun
pues ahora no puedo leer y solo vine a preguntar pues me urge que me respondan
pero no te preocupes
a mi tambien me paso lo mismo
y ahora estoy feliz pues ya no estoy sola
disculpas me tengo que ir pero me imagino que
estara muy bueno
pero luego me pondre al corriente
te quiero
y nos vemos
lo ciento pero estaba muy ocupada
y no podia quedarme mucho en interned
pero me gusto el capitulo pobre ron
la verdad si da mucha rabia usar las cosas de los demas
y mas si estan viejas o muy usadas pero
aqui se comprende no?
bueno sigue actualizando pues quiero saber como le va a lea
nos vemos
y porfavor dime a que paraja quieres que ponga en mi fic
ron-pansy-lavender-luna
harry-ginny o lunita
bueno como veas pero respondeme lo mas posible que puedas
t.q.m
Gracias! :) En el mio aun falta bastante para las parejas, todavía están en primero... Pero tengo muy claro de quién se va a enamorar Lea, muajajaja :D
En el tuyo no sale Neville? Yo siempre me imaginé a Neville con Luna, no sé por qué :S pero si no, podría estar ella con Ron :) Y Harry con Ginny! (LL)
gracias por leerme! yo seguiré leyendo tu fic ;D
un besazo!
no ay problema
estare al pendiente
no te apresures tanto en actulizar
aun que la verdad se trabaja mejor en presion
pero tampoco te olvides de actualizar y
si que son dificiles hacer las parejas
bueno ya te dije y lo ciento no creo poner a Neville
aun no esta en mi imaginacion pero si vez en mi fic puse algunas ideas
y te aseguro que en una de ellas estara Neville
y luna... nadie se la merece ella es pura pero no lo habia pensado
que pudiera hacer pareja con el pero gracias me diste una buena idea para
los ojos mas claros...ocultando la obscuridad (velo en mi fic)
espero que actualices pronto tu fiel seguidora
*andreovska*
Bueno, supongo que a partir de ahora no tendré tanto tiempo para estar en el ordenador porque he empezado las clases :S
Pero por ahora tengo bastante tiempo libre :D Asi que ahí va otra parte! Gracias por leer y comentar mi fic Andreovska, yo seguiré leyendo y comentando el tuyo ;)
____________________________________________________________
Cuando entraron, una campanilla resonó en el fondo de la tienda. Era un lugar pequeño y vacío, salvo por una silla larguirucha donde Helen se sentó a esperar. Lea se sentía algo extraña, pero también muy ilusionada.
- Buenas tardes - dijo una voz amable.
Lea pegó un respingo, asustada. Un anciano estaba ante ella; sus ojos, grandes y pálidos, brillaban como lunas en la penumbra del local.
- Esto... buenas tardes - contestó Lea, nerviosa.
- Olsen, ¿no es así? - dijo el hombre -. Sí, sí, ese brillante pelo castaño es inconfundible. Tienes más pecas que tus hermanos... Recuerdo muy bien el día en que el joven Nigel vino aquí, a comprar su primera varita. Treinta centímetros de largo, bastante flexible, de roble. Una buena varita para transformaciones.
El señor Ollivander se acercó a Lea. A ella le hubiera gustado preguntarle cómo tenía tanta memoria, pero se contuvo.
- Edmund, sin embargo, prefirió una varita de fresno. Treinta y dos centímetros y cuarto. Una varita bastante temperamental. Bueno, he dicho que tu hermano la prefirió, pero en realidad es la varita la que elige al mago.
El señor Ollivander estaba ahora muy cerca de Lea. La niña deseaba que se alejara un poco o que, por lo menos, dejara de mirarla tan fijamente. Pero entonces, para su alivio, fijó la atención en su madre.
- ¡Helen Weasley! Me alegra verla... Roble, veintisiete centímetros y medio, elástica... Así era, ¿no?
- Sí, señor - dijo Helen.
- Preciosa varita - dijo Ollivander -. Bueno, ahora... ¿Cómo te llamas? - preguntó, dirigiéndose a Lea de nuevo.
- Leanne - contestó ella.
- ¿Con qué brazo coges la varita? - inquirió el señor Ollivander, sacando de su bolsillo una cinta métrica.
- Con el derecho - respondió Lea.
- Extiende tu brazo. Así... - Midió a Lea del hombro al dedo, luego de la muñeca al codo, del hombro al suelo, de la rodilla a la axila y alrededor de su cabeza. Mientras la cinta seguía midiendo sola, Ollivander dijo - : Cada varita que fabrico tiene un núcleo central de una poderosa sustancia mágica, Leanne. Utilizamos pelos de unicornio, plumas de cola de fénix y nervios de corazón de dragón. No hay dos varitas Ollivander iguales, como no hay dos unicornios, dragones o aves fénix iguales. Y, por supuesto, nunca obtendrás tan buenos resultados con la varita de otro mago.
Entonces, el señor Ollivander desapareció entre los estantes y comenzó a sacar cajas. La cinta métrica continuaba midiendo a Lea, en ese momento lo hacía entre los ojos.
- Esto ya está - dijo Ollivander, y la cinta métrica se enrolló en el suelo -. Bien, Leanne. Prueba ésta. Madera de ébano y nervios de corazón de dragón. Veintinueve centímetros. Elástica. Cógela y agítala.
Sintiéndose muy tonta, Lea agitó la varita, pero el señor Ollivander se la quitó en seguida.
- Serbal y pluma de fénix. Veintidós centímetros y medio. Muy flexible. Prueba...
Y Lea probó, pero no sucedió nada. El señor Ollivander se la quitó.
- Veamos ésta... Ébano y pelo de unicornio, veintiséis centímetros y cuarto. Rígida. Venga, inténtalo.
Lea tocó la varita y sintió un súbito calor en los dedos. La levantó sobre su cabeza y la hizo bajar. Una corriente de chispas color violeta estallaron en la punta como fuegos artificiales. Helen aplaudió y el señor Ollivander dijo:
- ¡Oh, bravo! Bien, muy bien... Excelente varita...
Puso la varita de Lea en su caja y la envolvió en papel de embalar. La niña se sentía muy feliz. ¡Tenía una varita propia! ¡Por fin! Estaba impaciente por aprender conjuros y hechizos.
Su madre pagó siete galeones de oro por la varita y el señor Ollivander las acompañó hasta la puerta de su tienda.
Como era bastante tarde, comieron juntos en el Caldero Chorreante. Todos estaban muy contentos, excepto Ron, y charlaron animadamente durante el camino de regreso, hasta que los Weasley se marcharon a su casa en un traslador y los Olsen utilizaron otro.
Al día siguiente, después de comer, Lea aprovechó que sus padres estaban durmiendo la siesta para salir discretamente del jardín y seguir el sendero hasta una pequeña aldea muggle cercana a su casa. Allí vivía una niña, una niña que no solo había sido la única amiga de su edad que Lea había tenido en su infancia, si no que también había sido siempre su mejor confidente y consejera. Bridget lo sabía todo sobre el mundo de la magia, pero nunca había compartido su información con otro muggle, al igual que Lea jamás contaba a nadie las fascinantes cosas que le explicaba su amiga sobre el mundo no mágico.
Bridget estaba sentada en su jardín, a la sombra de un manzano. Sonrió a Lea cuando ésta cruzó la verja.
- ¡Hola! - la saludó - ¡Hace días que no te veo el pelo!
- Es que... bueno - caviló Lea, sentándose en la hierba -... Tengo algunas cosas muy importantes que contarte, Bridget.
- ¿Qué pasa? - preguntó su amiga, abriendo mucho sus ojos oscuros - ¿Ha regresado?
Lea no pudo evitar reírse. Bridget tenía una extraña obsesión con lord Voldemort, la tenía a la vez fascinada y aterrorizada. Preguntaba constantemente si había vuelto.
- ¡Anda ya! Lo que pasa es que he recibido... ya sabes.
Bridget agachó la cabeza, muy triste de repente.
- Oh... ya veo. Entonces, ¿vas a ir? ¿De verdad vas a ir a Hogwarts? - en su voz había un deje de envidia.
- Tengo que ir, Bridget - dijo Lea -. Sin estudios, nunca llegaré a ser nada en mi mundo, al igual que tú no serías nada en el tuyo.
- Lo sé - murmuró Bridget -. Pero es que me da mucha pena que te vayas. ¿No hay un colegio que no sea interno?
- No, me parece que no.
- Ah.
Lea no podía soportar la decepción de su amiga. Cogió sus manos entre las suyas y, mirándola fijamente, le dijo:
- Escúchame, Bridget. Te voy a echar mucho, muchísimo de menos. Pero somos de mundos diferentes, ambas sabíamos que terminaríamos separándonos. ¿O no?
Bridget asintió, intentando contener las lágrimas.
- De todas formas - añadió Lea -, nos veremos en Navidad. Y también podremos estar juntas durante los veranos. Magos y muggles todavía tienen derecho a ser amigos.
Su amiga la miró fijamente durante unos instantes, le dio un apretón en las manos y echó a correr hacia su casa. Mientras volvía a la suya, Lea pensó que estaba completamente segura de que lo que más disgustaba a Bridget, quizás tanto como tener que separarse de su mejor amiga, era que ella hubiera dado cualquier cosa por ser bruja e ir también al castillo de Hogwarts.
El último mes de vacaciones transcurrió tranquila y felizmente. Lea no tuvo más sueños extraños, y su familia se comportó muy bien con ella. Solían ir a La Madriguera, la casa de los Weasley, y jugaban todos juntos al quidditch, deporte mágico en el que los jugadores iban montados en escobas voladoras. Lea no tenía escoba propia, porque eran bastante caras, pero utilizaba la vieja de Bill, y, además, estaba decidida a pedir una nueva por su cumpleaños.
Sin embargo, algo había cambiado en su vida. Bridget había dejado de ir a verla, y Lea prefirió no acercarse a ella tampoco. Sospechaba que, si lo hacía, le costaría muchísimo más aceptar que no volverían a estar juntas en bastante tiempo.
hola nary creme la verdad no se por que no han pasado a tu fic si esta bonito
pero bueno ellos se la perderan.
admiro mucho que pongas informacion, tiendas, hachizao por que algunas personas
no saben nada pero tambien ay que entenderlos
otra vez gracias por estar en mi fic.
pobre lea se que es dificil separase de los amigos pero creo que mejor hable con ella
buenos nos vemos luego
andreovska*
La mañana de la partida a Hogwarts, Lea se despertó mucho antes que sus hermanos. Estaba tan nerviosa que no podía dormir, así que se vistió con ropa muggle (ya se pondría el uniforme en el tren), guardó las últimas cosas en su baúl y revisó varias veces que no faltara nada. Después, como no aguantaba más tiempo sin hacer nada en la habitación, bajó las escaleras hacia la cocina. Iba a abrir la puerta, cuando se dio cuenta de que ya había alguien dentro, hablando en voz baja. Eran sus padres.
- ... y te lo digo por última vez, Helen, debes quitarte ese recuerdo de la cabeza cuanto antes - decía su padre -. Mira, tenemos todo lo que queremos: unos hijos encantadores, trabajo, dinero y una familia que nos adora. ¡No dejes que el pasado estropee tu felicidad!
Lea se quedó de piedra. ¿De qué estarían hablando? ¿A qué recuerdo se refería su padre? No necesitó discurrir mucho para saberlo, en seguida se dio cuenta de que hablaban de la muerte de Andrew.
- Es que... no puedo soportarlo - dijo su madre, sollozando -. Si la niña no se hubiera quedado en casa... Podría haberlo cuidado Molly, ¿sabes?, y estoy segura de que ella no... Bueno, fui tan tonta... Una niña de siete años... Oh, Brian...
- ¡Basta! - gritó su padre. Lea nunca lo había oído gritar en un tono tan autoritario. - Lea es una niña maravillosa, no debemos culparla. Y estoy seguro de que tú crees que fue todo culpa tuya, pero descargas tus remordimientos sobre ella para no sentirte tan mal.
- ¿Cómo... cómo me dices eso? - se horrorizó Helen - Yo no intento culpar a Lea, simplemente pienso que cometió un error al no darse cuenta de que la leche estaba envenenada y...
- ¡Por las barbas de Merlín! - dijo su padre - ¡Una niña de siete años! Ni siquiera yo, que soy sanador, me hubiera dado cuenta. No quiero seguir hablando de esto, Helen, pero prométeme que intentarás olvidar lo de Andrew. Lea se merece ser feliz.
Su madre no contestó, y Lea se quedó muy quieta donde estaba, con los ojos anegados en lágrimas. Le hubiera gustado no haber escuchado todo aquello.
Tres horas más tarde, bajaron los equipajes al recibidor. Lea llevaba a Bobby en una cesta, y el gato no paraba de maullar, muy enfadado.
El tren que los llevaría al colegio salía de la estación de King's Cross a las once en punto, y su padre había alquilado un coche para ir a Londres sin llamar la atención de los muggles.
- ¿Ya está todo listo? - preguntó la madre, cuando hubieron colocado los baúles en el maletero - Bien, en marcha entonces.
Si bien el coche parecía pequeño desde fuera, por dentro era un auténtico lujo. Nigel, tumbado cómodamente sobre el asiento, les explicó a Lea y a Madeleine que su padre lo había hechizado.
- Muchas gracias por tu aclaración, Nigel, no nos habíamos dado cuenta - gruñó Madeleine, que estaba de muy mal humor porque todos sus hermanos se iban a Hogwarts y ella no.
- ¡Alegra esa cara, Maddie! - la animó Ed - Ginny tampoco tiene edad suficiente para ir al colegio, podrás estar con ella.
- Ginny irá el año que viene, y entonces sí que me quedaré sola - murmuró Madeleine, disgustada.
Había mucho atasco en la carretera, de modo que cuando llegaron a la estación eran ya las once menos diez. Helen se puso histérica y cogió rápidamente tres carritos para que llevasen los baúles, luego, los condujo a toda prisa hacia la barrera que había entre los andenes nueve y diez.
- Y ahora, ¿cuál es el número del andén?
- ¡Nueve y tres cuartos! - contestó Maddie - Mamá, quiero ir a Hogwarts...
- Eres muy pequeña todavía - dijo Helen -. Muy bien, Nigel, tú primero.
Nigel se dirigió hacia los andenes nueve y diez, y atravesó la barrera limpiamente.
- Te toca a ti, Ed - y Edmund hizo lo mismo-. Vale, ahora tú, Lea. Papá y yo pasaremos después con Maddie.
Lea empujó su carrito y comenzó a andar hacia la barrera, cada vez más rápido, hasta que empezó a correr. Ya casi estaba... Cerró los ojos y, segundos después, se encontraba frente a una locomotora de vapor. Era de color escarlata, y esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: "Expreso de Hogwarts, 11 h". Lea miró hacia atrás y vio a sus padres con su hermana pequeña, sonrientes.
El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Lea pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:
- Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
- Oh, Neville - oyó que suspiraba la anciana.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
- Déjanos mirar, Lee, vamos.
El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior salió una larga cola peluda.
- ¡Lea! ¡Eh! ¡Aquí!
Ron le hacía señas con la mano, unos metros más lejos. Estaba con su madre y sus hermanos, y también con los padres y hermanos de Lea. Ella se acercó.
- Ron, tienes algo en la nariz -dijo Molly, sujetándolo, y comenzó a frotarle con un pañuelo.
- Mamá, déjame - exclamó Ron apartándose.
- ¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? - dijo Fred.
- Cállate - dijo Ron. Lea rió.
- ¿Dónde está Percy? - preguntó Helen.
- Ahí viene.
En efecto, Percy se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Lea observó la insignia plateada que tenía en el pecho, con la letra P.
- No me puedo quedar mucho - dijo -. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos...
- Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? -dijo George, con aire de gran sorpresa -. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
- Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo - dijo Fred -. Una vez...
- O dos...
- Un minuto...
- Todo el verano... - concluyó Lea, sonriente, uniéndose a ellos.
me gusta que actualize pronto la verdad me gusta como escribes
y que me agas reii jejeje
y no me digas que se va a enamorar de neville
bueno espero que no se nada todavia
pero ya sabes actualiza
y porfa no me dejes con las ansias
no no, de Neville no :) a ver, mi idea es que esté con varios chicos. aunque solo se enamora de uno, y, aunque se pasa casi todos sus años en Hogwarts enamorada de él, no se da cuenta hasta 5º o 6º xDD y entretanto, pues estará con otros :D aunque en primero y segundo no creo, porque aún es muy pequeña :S de todas formas, acepto sugerencias e ideas :)
me alegro de que te haya gustado, voy a poner otra parte ahora que tengo tiempo jajaja
- Oh, callaos - dijo Percy, molesto.
- Muy bien, cariño, que tengas un buen año - le dijo Molly afectuosamente -. Envíame una lechuza cuando llegues allá.
Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
- Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho... estallar un inodoro o...
- ¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
- Pero es una gran idea, mamá. Gracias.
- No tiene gracia. Y cuidad de Ron.
- Yo puedo... - comenzó Nigel, pero Fred le interrumpió:
- No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.
- Cállate - dijo otra vez Ron. Su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.
- Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren? - dijo George.
- ¿A quién, a quién? - preguntaron a coro Lea y Maddie.
- Antes, un muchacho de pelo negro nos preguntó cómo entrar en el andén - les explicó Fred -. ¿Sabéis quién era?
- ¿Quién?
- ¡Harry Potter!
Lea abrió la boca para decir algo, pero no fue capaz de emitir ningún sonido. ¡No podía creerlo! Tantos años oyendo hablar de él, tanto tiempo admirándolo, preguntándose dónde estaría, y ahora resultaba que Harry Potter asistiría a su misma clase ese curso. Lea estuvo a punto de ponerse a dar saltos de alegría, pero entonces se dio cuenta de que Fred y George estaban siempre bromeando. ¿No sería aquel otro de sus chistecitos? Sí, era muy probable. Se sintió decepcionada, aunque todavía le quedaba una pizca de esperanza...
Ginny fue la que reaccionó primero.
- Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!
- Ya lo has visto, Ginny, y además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. - dijo Molly - ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
- Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.
- Pobrecillo... no es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén... - suspiró Molly.
Lea deseó haber estado con los Weasley cuando cruzaron la barrera.
- Eso no importa - dijo George -. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
La mayoría de los magos y brujas temían pronunciar el nombre de Voldemort en voz alta, por eso lo llamaban Quien-tú-sabes o El-que-no-debe-ser-nombrado. A Lea le parecía algo bastante ridículo.
- Te prohíbo que le preguntes, George - dijo Molly, muy seria -. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
- Está bien, quédate tranquila.
Se oyó un silbido.
- Daos prisa - dijo el padre de Lea, y Nigel y Edmund subieron al tren junto con Fred y George. Se asomaron por la ventanilla para que los besaran y Ginny y Maddie comenzaron a llorar.
- No lloréis, vamos a enviaros muchas lechuzas.
- Y un inodoro de Hogwarts.
- ¡George!
- Era una broma, mamá.
Entonces, Molly empezó a despedirse de Ron. Lea miró a su madre y a su padre. Súbitamente, recordó su charla en la cocina y quiso alejarse de ellos cuanto antes.
- Bueno, pues... adiós - dijo.
Su madre la abrazó con fuerza, y ella deseó que no lo hiciera.
- Pasa un buen curso, cariño. Te echaremos de menos.
"Sí, seguro", pensó Lea con tristeza.
- Envíanos una lechuza diciéndonos en qué casa te han puesto, ¿eh? - le dijo su padre, besándola -. Seguro que estarás en Ravenclaw.
Lea no pudo evitar pensar que ojalá no fuera así. Cogió su baúl y la cesta donde estaba Bobby, y los subió al tren con ayuda de su padre. Ron subió detrás de ella y, segundos después, se cerraron las puertas. El tren comenzó a moverse. Lea vio a Molly y Helen agitando las manos y a Ginny, mitad lloran¬do, mitad riendo, corriendo para seguir al tren. Maddie se había quedado muy quieta, mirando a Lea con sus grandes ojos azules.
- ¿Vamos a buscar compartimiento? - le preguntó Ron.
- Hum... Vale - dijo Lea.
Recorrieron el pasillo arrastrando los pesados baúles, pero todos los compartimientos estaban ocupados. Finalmente, encontraron uno que parecía vacío y abrieron la puerta. Dentro había un muchacho menudo de alborotado pelo negro y gafas, detrás de las cuales podían apreciarse unos brillantes ojos verdes. No se le veía desde fuera. Por la cara que puso Ron, Lea se dio cuenta de quién debía de ser, y se sintió muy tímida de repente.
- ¿Está ocupado ese sitio? - preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry Potter -. Es que... bueno... todos los demás vagones están llenos.
Harry negó con la cabeza y Lea y Ron se sentaron. Ron lan¬zó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observan¬do. Lea, incómoda, fijó la vista en sus zapatos.
- Eh, Ron.
Eran los gemelos.
- Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.
- De acuerdo - murmuró Ron.
- Harry - dijo George -, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Él es Ron, nuestro hermano; y ella es Lea, nuestra prima. Nos veremos después, entonces.
- Hasta luego - dijeron Harry, Lea y Ron. Los gemelos salie¬ron y cerraron la puerta.
Lea se sintió todavía más tímida, si era posible, pues ahora ya sabía con toda certeza que aquel muchacho era Harry Potter. De lo contrario, los gemelos no se hubieran presentado a él.
- ¿Eres realmente Harry Potter? - dejó escapar Ron, que parecía estar pensando lo mismo que ella.
El chico asintió.
- Oh... bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George - dijo Ron -. ¿Y realmente te hiciste eso... ya sabes...?
Señaló la frente de Harry.
jajajajajajajajaja me dio mucha risa sobre el inodoro jejeje
bueno es cierto esta muy pequeña
para tener novio o algo asi
ACTUALIZA que me muero de ganas seguir leyendo
y quien sera el apuesto afurtunado?
me gustaria lea se quedara inconciente para que su querido heroe harry potter
la salve y pueda hablar con su amiga bridget y asi no esten separadas
bueno esa es una idea aun que es muy alocada pero es una idea
jejeje espero tu ACTUALIZACIONA
muchisimas gracias andreovska :)
no sabes cuanto me alegra que te guste mi fic, pues eres mi única lectora y de no ser por ti, no hubiera seguido colgando capitulos :S
ahí va otra parte! disfrútala ;)
____________________________________________________________
Él se levantó el flequillo y les enseñó una luminosa cicatriz con forma de rayo. Lea y Ron la miraron con atención.
- ¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes...? - Lea se interrumpió a media frase, temiendo ser indiscreta, y volvió a mirar al suelo.
- Sí - dijo Harry -, pero no puedo recordarlo.
- ¿Nada? - dijo Ron en tono anhelante.
- Bueno... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.
- Vaya - dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla. Lea sintió ganas de reírse.
- ¿Sois una familia de magos? - preguntó Harry. A juzgar por cómo les miraba, parecía que los encontraba tan interesantes como ellos lo encontraban a él. Lea dejó de sentirse tan tímida; al fin y al cabo, Harry Potter no era más que uno de sus futuros compañeros de clase, ¿no?
- Oh, sí, eso creo - respondió Ron -. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.
- Entonces ya debéis de saber mucho sobre magia.
Lea no supo qué responder. Llevaba toda su vida viendo cómo los mayores hacían magia, pero ella no se sabía ningún hechizo. Las veces que hacía magia, solían ser sin darse cuenta.
- Oí que te habías ido a vivir con muggles - dijo, para cambiar de tema -. ¿Cómo te tratan?
- Fatal... Bueno, no todos ellos - dijo Harry -. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo hacen. Me hubiera gustado tener hermanos magos. ¿Cuántos tenéis vosotros?
- Lea tiene dos hermanos y una hermana. Yo tengo una hermana y cinco hermanos - contestó Ron. Parecía depri¬mido -. Soy el sexto en mi familia que va a asistir a Hogwarts. Se podría decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan buenas notas y todos los consideran muy divertidos. Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero. Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco hermanos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charlie y la vieja rata de Percy.
Ron buscó en su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
- Se llama Scabbers y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy le regalaron una lechuza, porque lo hicieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers.
Las orejas de Ron enrojecieron. Debía de pensar que ha¬bía hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla. Esta vez, Lea no quiso reírse, si no que sintió lástima de él. Pero Harry no parecía creer que hubiera nada malo en no poder comprar una lechuza.
- Yo nunca he tenido dinero - explicó -, hasta un mes atrás. He tenido que llevar la ropa vieja de mi primo Dudley durante once años, y ¿sabéis?, nunca me han hecho regalos de cumpleaños.
Eso pareció animar a Ron.
- Y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort - concluyó Harry.
Ron bufó, y Lea dio un respingo. ¡Había dicho el nombre!
- ¿Qué? - dijo Harry.
- Has pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes - dijo Ron, tan conmocionado como impresionado -. Yo creí que tú, entre todas las personas...
- No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre - dijo Harry -. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Veis lo que os decía? Tengo muchísimas cosas que aprender... Seguro que seré el peor de la clase.
- No será así - lo consoló Lea, pues el pobre parecía muy desanimado de repente-. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.
Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Lea estaba muy contenta. Siempre se había imaginado a Harry Potter como una epecie de héroe, mucho mayor que ella, pero era un chico muy simpático y estaba resultando facilísimo conversar con él.
A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se aso¬mó y les dijo:
- ¿Queréis algo del carrito, guapos?
Harry se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y murmuró que tanto Lea como él habían llevado bocadillos. Harry salió al pasillo y regresó con las manos llenas de Grageas Ber¬tie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, empanada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de golosinas mágicas.
Lea y Ron lo miraban, asombrados, mientras depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
- Tenías hambre, ¿verdad? - le preguntó Lea.
- Muchísima - dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.
Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo:
- Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la car¬ne en conserva.
Lea sacó también sus bocadillos y los desenvolvió.
- ¡Puaaaj! Son de salmón.
- Os los cambio por uno de éstos - dijo Harry, alcanzándoles dos pasteles -. Servíos...
- No te va a gustar, la carne está seca - dijo Ron -. Ella no tiene mucho tiempo -añadió rápidamente -... Ya sabes, con nosotros cinco.
- Mi madre tampoco tiene mucho tiempo - murmuró Lea, y se contuvo a tiempo antes de añadir: "No para mí, desde luego".
- Vamos, servíos un pastel - insistió Harry, y les contó que nunca había tenido nada que compartir, ni tampoco nadie con quien compartir nada.
Era una agradable sensación, estar sentados allí los tres, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos ha¬bían quedado olvidados). Bobby, a quien Lea había sacado de su cesta, se paseaba por el compartimiento buscando a Scabbers.
- ¿Qué son éstos? —preguntó Harry, cogiendo un envase de ranas de chocolate -. No son ranas de verdad, ¿no?
Lea sonrió. Era muy gracioso que Harry no conociera los dulces que ellos llevaban años tomando.
- No - le dijo -. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.
- ¿Qué?
- Oh, por supuesto, no debes saber... - dijo Ron - Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Lea y yo coleccionamos juntos. Tenemos como quinientos, pero no conseguimos ni a Agripa ni a Ptolomeo.
Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. Lea se inclinó para verlo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigote. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore.
- ¡Así que éste es Dumbledore! - dijo Harry.
- ¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledo¬re! - dijo Ron -. ¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa... Gracias...
Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó en voz alta:
- Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel. El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara y a los bolos.
no te preocupes nary
la verdad me gusta ser la unica pero se como es eso de que te quedes sola
y si no bienen ellos se pierden de mucho
eres buena y me gusta mucho tu fic
tambien no te preocupes aqui estoy yo fiel a tu fic
y la verdad yo tambien te agradesco por pasar a mi fic.
ACTUALIZA
espero que ya llegue hermaione o no va a estar?
besos y te quiero mucho
si si, claro que estará Hermione :DD
en cuanto pueda actualizo! un besazo teeQ
Harry dio la vuelta otra vez al cromo.
- ¡Ya no está! ¡Dumbledore ha desaparecido! - exclamó.
- Bueno, no iba a estar ahí todo el día - dijo Ron -. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos.
Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
- Sírvete - dijo Harry -. Pero, oíd, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
- ¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven? - preguntó Lea, atónita -. ¡Qué raro!
Harry seguía mirando su cromo. Lea y Ron estaban más interesados en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Finalmente, apartó la vista de la druida Cliodna para abrir una bolsa de gra¬geas de todos los sabores.
- Tienes que tener cuidado con ésas - lo previno Ron -. Cuando dice "todos los sabores", es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.
Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.
- Qué asco... ¿Ves? Coles.
Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Lea encontró mermelada, brécol, jarabe, plátano, limón y pasta de dientes. Harry, por su parte, fue lo bastante valiente para morder la punta de una gris, que ni Lea ni Ron quisieron tocar y resultó ser pimienta.
En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro.
Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Lea había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.
- Perdón - dijo -. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?
Cuando los tres negaron con la cabeza, gimió.
- ¡Lo he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!
- Ya aparecerá - dijo Harry.
-Sí - dijo el muchacho apesadumbrado -. Bueno, si lo veis...
Se fue.
- No sé por qué está tan triste - comentó Ron -. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar.
La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron, con los ojos de Bobby fijos en ella.
- Podría estar muerta y no notarías la diferencia - dijo Ron con disgusto -. Ayer traté de volverla amarilla para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Os lo voy a enseñar, mirad...
Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.
- Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos...
Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha vestía con la túnica de Hogwarts.
- ¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno - dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.
- Ya le hemos dicho que no - dijo Lea, pero la niña no la escuchaba. Estaba mirando la varita que Ron tenía en la mano.
- Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.
Se sentó. Ron pareció desconcertado.
- Eh... de acuerdo - se aclaró la garganta -. "Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita."
Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
- ¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? - preguntó la niña -. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando reci¬bí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?
Dijo todo aquello muy rápidamente.
Lea miró a Harry y a Ron y se calmó al ver en sus rostros aturdidos que ellos tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.
- Yo soy Ron Weasley - murmuró Ron.
- Y yo, Leanne Olsen - dijo Lea, mirando con desagrado a Hermione. No le gustaban los aires que se daba.
- Harry Potter - se presentó Harry.
- ¿Eres tú realmente? - dijo Hermione -. Lo sé todo so¬bre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moderna, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos del siglo XX.
- ¿Estoy yo? - dijo Harry. Parecía mareado.
- Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera - dijo Hermione -. ¿Sabéis a qué casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas. Oí que Dumbledore es¬tuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala... De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Neville. Y vosotros tres deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.
Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.
vaya hermaione si que es molesta
pero todos cambian no?
bueno depende como las pongamos en el fic
SIGUE porfa y de paso date una vuelta a los fics de todas
sale? bueno no te apresuro pero SIGUE *_*
hola nary como estas?
pues creo que no muy bien ya me preocupaste ya tiene tiempo en que no pasa y me dejas aun con una intriga y espero que no te retires del f.f xfa
regresa ya te EXTRAÑAMOS tus amigas.
cuidat andrea****
Enviar un comentario nuevo