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Merodeando en la guardería

Es un fic que escribí poco después del estreno del 5º libro. Lo iré subiendo por capítulos. ¡Espero que os guste!

------ Capítulo 1 -----

Un pequeño niño de cabello dorado no se soltaba de la mano de su madre, mirándolo todo asombrado. La mano libre la tenía metida en la boca, en sustitución a su chupete perdido. Observaba el paisaje que le rodeaba con los ojos abiertos de par en par, empapado en la más profunda admiración.

Gente que al pequeño se le hacían enormes pasaban a toda velocidad por su lado. Vestían túnicas negras, y todos llevaban una vara delgada de madera en la mano, o en el bolsillo.

Los ojos miel del niño brillaban de adoración.

Su madre le hablaba dulcemente, y él le miró interrogante.

- Remus, quiero que te portes bien ¿vale? Te voy a llevar a la guardería, donde te lo vas a pasar muy bien y tendrás muchos amiguitos. Pero quiero que me prometas una cosa –la mujer se puso en cuclillas para quedarse a la altura de su hijo-. Prométeme que no morderás a nadie, ¿entendido? Es muy importante. Si muerdes a alguien te castigaré cinco meses sin chocolate, ¿te has enterado?

Los ojos del pequeño se abrieron aún más de miedo, y asintió frenéticamente con la cabeza, con el pulgar metido aún en la boca.

- Y no te chupes el dedo, Remus, tesoro –le reprendió suavemente su madre, mientras le retiraba la mano.

La mujer sonrió tiernamente y cogió la mano de su hijo.

- Ya falta poco –le animó.

En cuanto su madre comenzó a andar, Remus se metió de nuevo el dedo en la boca.

Llegaron ante una valla de hierro, pintada alegremente de verde. La atravesaron, y Remus seguía contemplando el mundo sin dejar de sorprenderse. Todo le parecía desmesuradamente grande desde su estatura.

Caminaron por un bonito camino empedrado, que cruzaba un gran jardín con flores mágicas que cambiaban de color. Había toboganes y columpios, y Remus avistó una caseta de troncos medio escondida entre los altos árboles. Le gustaba ese lugar.

En medio del jardín había lo que parecía una casa blanca, con un bonito tejado rojo.

La madre del pequeño llamó discretamente a la puerta pintada de azul.

Una mujer de sonrisa alegre, joven y con una larga melena castaña abrió la puerta. Saludó gozosamente a la madre del niño. También llevaba túnica, de color blanco, que contrastaba con su piel morena. Hizo pasar a la madre y sonrió a Remus.

- Hola –le dijo al niño-. ¿Cómo te llamas, guapo?

- Emus –dijo el niño con el dedo metido en la boca-. Y no soy uapo.

La mujer rió. Remus se alegró. Esa chica empezaba a gustarle.

- Pues a mí me pareces muy guapo. Ven, despídete de tu mamá, te voy a enseñar a tus nuevos amiguitos.

Su madre se agachó, Remus se quitó el dedo de la boca y le besó la mejilla.

La cuidadora le cogió de la mano y le condujo hacia una sala adornada con murales y dibujos infantiles en las paredes.

Un ruidoso grupo de niños estaban en la habitación.

- A ver…-exclamó la cuidadora, haciéndose oír por encima del griterío-. Niños…Os presento a Remus, vuestro nuevo compañero.

Todos se quedaron en silencio, mirando al recién llegado. Remus se sonrojó un poco.

- Mira, Remus, esta es Lily Evans –una chica de cabello pelirrojo recogido en dos coletas, que estaba jugando con unas construcciones, saludó con la mano-. Este de aquí es Frank Longbottom –un chico regordete y moreno alzó el chupete como saludo-. Severus Snape…-Un niño de lacio pelo negro le miró desde un rincón oscuro-. Y estos son… ¡Sirius, James, estaos quietos!

Dos niños que habían estado correteando y persiguiéndose por la habitación se pararon en seco. Un chico de grandes gafas redondas y pelo despeinado tropezó con el compañero al que perseguía, cayó y se quedó sentado en el suelo.

Su amigo, de pelo negro y ojos azules, comenzó a reír. Varios niños rieron también.

El niño de las gafas redondas se quedó callado, muy serio. Miró a su alrededor asombrado y, cuando se dio cuenta que se había caído, comenzó a llorar.

La cuidadora se acercó a él y le cogió en brazos.

- Oh, venga, James, no llores…-dijo amorosamente.

- Buaaaaaa!!! Buaaaaaa!!!

La cuidadora le dejó en el suelo, sin saber muy bien qué hacer.

Remus se acercó al chiquillo desconsolado, se sacó el dedo de la boca y le cogió la mano. El niño paró de llorar de inmediato.

- En –le dijo Remus, amistoso-. En a jugá conmigo.

El chico de las gafas sonrió, miró a la cuidadora y siguió alegremente a Remus.

- Vamo, Remu. Te voy a enseñá una cosa –dijo sonriente el niño de las gafas, y tiró de Remus hacia el baúl de los juguetes.

El chico con el que el pequeño James había tropezado se les acercó.

- Hola, Remu- le dijo-. Me llamo Siriu. ¿Y tú?

Acto seguido empezó a reír.

- Pues…Emus –dijo dudoso Remus.

- ¡Clago, Remu! ¡Te llama Remu! ¡Ya lo había icho yo!–dijo Sirius, riendo.

James parecía molesto. Tiró de la mano a Remus.

- En –insistió-. Te enseño una cosa.

Remus dejó a Sirius riéndose de su propio chiste. El pequeño James rebuscó en el baúl. Se inclinó para alcanzar el fondo y, perdiendo el equilibrio, cayó dentro, entre todos los juguetes.

Remus rió, y James consiguió salir, con un ratón de peluche enredado en el pelo. Rió también y miró a su alrededor.

- No encuentro juguete –informó, mirando alarmado a Remus, como si hubiera ocurrido una desgracia.

Remus se encogió de hombros.

- No pasa nada.

Pero James negó con la cabeza, haciendo que sus gafas resbalaron por su nariz.

- Chí, chí pasa –dijo, y señaló al niño de cabello grasiento, Severus Snape, que estaba en un rincón-. ¡Lo tiene él!

Decidido, James le cogió la mano a Remus y se dirigió al niño. Éste jugaba con una miniatura de dragón, que volaba por la palma de su mano.

- Ame eso –exigió seriamente James.

El chico le lanzó una mirada desdeñosa.

- No. E mío. Lo tengo yo.-dijo, y sonrió ante la cara de James-. E mi dragón y no te lo dejo.

James parecía a punto de llorar otra vez pero, en vez de eso, se acercó a Severus y le señaló.

- Ere un tonto del bote –dijo, como si fuera la palabra más insultante del mundo-. Vas a ir a la seño.

Luego se alejó andando con la cabeza erguida y las gafas resbalando por su nariz.

Remus miró a Severus. Sonrió tristemente.

- Te llamas Severus, ¿no?

- Chí.

- Que nombre má raro.

Severus le observó, evaluándole.

- Ete. Etoy jugando con mi dragón.

Remus se entristeció, pero Sirius se le acercó corriendo.

- ¡En, Remu, En! ¡Amo a jugar al econdite!

Sirius le arrastró hacia donde estaba James, Frank y una chica rubia llamada Alice.

- Enga, Remu se la liga. Remu, cuenta y no hagas trampas.

- Ale –respondió Remus, contento. Se pegó a la pared y cerró los ojos.

- Uno…do…eh…inco…iete…tre…uhm…ueve…ueve…ueve…ueve… ¡Ya tá! –exclamó, cuando consideró que había contado suficiente.

Miró a su alrededor, y vio el pelo de Sirius asomando detrás de una mesa.

- ¡Por Irius! –exclamó, contento. Le gustaba ese juego.

Sirius salió abatido de su escondite.

- Jo, no vale…Ete juego e un rollo.

Y se sentó en el suelo, decidido a no moverse de allí hasta que jugaran a otra cosa.

James tropezó de nuevo y Remus le descubrió intentando esconderse detrás de Severus, el cual no dejaba de refunfuñar y llamarlo tonto.

Entonces la chica pelirroja, Lily Evans, se les acercó.

- Hola –le dijo a James-. ¿Quieres jugar conmigo?

El niño se quedó mirando sus coletas rojo oscuro, como hipnotizado. Luego sonrió, alargó una mano y tiró con todas sus fuerzas.

Lily gritó y comenzó a llorar. La cuidadora se acercó corriendo y comenzó a regañar a James, pero cuando se dio la vuelta para consolar a Lily, él y Sirius chocaron las manos.

- Le has hecho daño –dijo Remus, preocupado.

- No, e una llorica –replicó James, a pesar de que él, escasos minutos antes, había berreado como nadie.

Lily, llorosa, le miró enfadada.

- Tonto –dijo-. Ya no quiero jugá contigo. Remu, ¿vienes?

Remus se sentía presionado. Todos querían jugar con él. Se metió el pulgar en la boca, dudoso.

Lily se encogió de hombros. Sirius se acercó a ella y juntos, empezaron a pasarse una pelota de goma. Sirius le tiró el balón a la cara y Lily comenzó a llorar de nuevo.

Mientras la cuidadora castigaba a Sirius mirando a la pared, Remus gateó hasta Severus Snape, que miraba aburrido el dragoncito.

- Hola otra vez-dijo Remus, sonriendo. Severus le lanzó una mirada agria.

Remus se fijó maravillado en el chupete verde con dibujos de serpientes que el chico sostenía en la boca.

- Que pete tan bonito –comentó.

- ¿Te guta? –dijo Severus.

- ¡Chí! ¡Mucho!

Severus sonrió ampliamente.

- Pues e mío y no te lo dejo.

Remus le miró tristemente.

- ¿Po qué?

- Poque no.

- Jo…Egoíta.

Remus se enfurruñó y le dio la espalda a Severus.

Severus chupeteó complacido su chupete N.A: Su chupete!!! Mal pensados y se alejó gateando hasta otro rincón donde jugar con su dragón en paz.

Remus se miró las zapatillas. Luego miró al techo.

Alguien le tocó el hombro.

Un niño, algo mayor que él, con una gran cabellera rubia que le tapaba la cara casi por completo estaba detrás de él. Se retiró el pelo y Remus vio que tenía unos grandes ojos grises.

- ¿Ere el nuevo?

- Chí.

El chuiquillo le ofreció una mano con solemnidad, soltándose el pelo, que le volvió a cubrir los ojos.

Remus, dudoso le cogió la mano.

- Me llamo Luciu Malfoy. ¿Tus papás son magos? –dijo el niño, retirándose los mechones rubios.

- Mi papá e un muggle, mi mamá e bruja.

Lucius apartó la mano rápidamente.

- ¡Puaj! Ni se te ocurra acercarte a mí.

Le lanzó una mirada de asco y se alejó, con aires de grandeza.

Remus se quedó triste, y sintió las lágrimas agolparse en sus ojos.

James se le acercó.

- No le hagas caso –le consoló-. E un tonto. Mira, Siriu y yo hemo planeado una broma –zanjó, con una sonrisa maliciosa.

- ¿Qué…? –empezó Remus, pero se calló al ver a Sirius, caminando de puntillas detrás de Lucius.

Sirius se paró un momento, le hizo una seña a James y siguió caminando tras Lucius.

James se alejó hasta el baúl de los juguetes. Cogió un cubo rojo y, corriendo, tropezando varias veces, entregó el cubo a un niño que Remus no había visto antes: un niño regordete, muy bajito y de ojos llorosos. Recogió el cubo y se metió en el baño de la habitación contigua. Remus oyó el agua caer del grifo.

Mientras, James corrió hasta la cuidadora y comenzó a llorar, de repente.

- ¡Pupa, pupa! ¡Me he hecho pupa, señooo!

El niño regordete le dio el cubo, lleno de agua, a Sirius. Éste, con el máximo sigilo, se puso de puntillas detrás de Lucius, que se había sentado y estaba muy concentrado pintando algo en un papel.

Sirius puso el cubo boca abajo.

Lucius gritó al sentir el agua helada empapándole. Rompió a llorar amargamente y la cuidadora corrió hacia él.

- ¡Sirius! –gritó. Sirius miraba al techo con expresión angelical.

- ¿Yo? –preguntó.

- ¡Ha sido él, seño! –berreó Lucius, calado completamente-. ¡Él, y seguro que James y Peter también han sido!

La cuidadora regañó seriamente a Sirius, y le castigó sin juguetes para el resto del día.

A Sirius no le importaba. Seguía riéndose de Lucius.

La cuidadora los reunió a todos, una vez recogidos los juguetes. Se sentaron en círculo alrededor de la joven.

- Bueno, se ha acabado el juego. Ahora nos toca aprender un poquito, ¿vale?

James emitió un gruñido.

- A ver, Remus, que eres el nuevo. Yo me llamo Ann. Y ahora tenéis que responder a unas preguntas muy fáciles que os haré yo, ¿entendido?

Remus asintió.

- Empecemos…. Narcisa, ¿qué vas a hacer este fin de semana?

Una chica rubia se levantó y dijo pomposamente que ella pensaba ir a visitar el Ministerio, y estaría el sábado en la oficina con su padre.

- ¿En qué trabaja tu papá, Narcisa? –preguntó amablemente Ann.

- Mi papá es Jefe de Departamento, en la Oficina de Cooperación Mágica Internacional.

- Muy bien. ¿Y tú, Bellatrix, irás con Narcisa?

Una chica de pelo negro se levantó igual que su hermana.

- Yo iré con mi mamá a revisar la prisión de Azkaban.

Ann torció el gesto.

- ¿Y eso no es muy peligroso para ti, Bella? –preguntó.

- No. Mi mamá dice que es interesante. Trabaja en el Departamento de Seguridad Mágica Nacional.

Ann no parecía muy contenta.

- ¿Y tú, Remus? ¿Qué vas a hacer este fin de semana?-inquirió para cambiar de tema.

- Yo…Yo me iré a la Luna –contestó Remus, no muy seguro.

Todos los niños rieron. Ann sonrió y Lucius le miró burlón.

- A ver, Remus, no te puedes ir a la Luna. –dijo amigablemente Ann.

- Chí que puedo. Yo chí puedo. Mi mamá dice que me voy a la Luna una vez al mes. –Remus cerró los ojos un momento-. Duele mucho. Es que a mí me mordió hace…uno o dos mese.

Por supuesto, Remus no sabía exactamente lo que eran los meses, pero había oído a su madre decir que le habían mordido hace dos meses. No lo entendía bien.

Ann estaba seria. Se acercó a Remus y le habló en voz baja, para que nadie más se enterara.

- ¿Quién te mordió, Remus?

- El perrito. El perrito grande.

Ann le miró preocupada.

OooOOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Era el tercer día de Remus en la guardería, y andaba alegre junto a su madre cuando se dirigía allí. Había aprendido una nueva canción el día anterior, y no paraba de cantarla.

El pajarito quería volar, la lá

Movía las alas y no podía volar, la lá

Vino su mamá, la lá

Y le enseñó a volar, la lá

Su madre había hablado con Ann y parecía preocupada. La gente pasaba por su lado más ocupada que nunca, y cada vez había más adolescentes llenando Hogsmeade. La razón era que el curso en Hogwarts había empezado, y las visitas de alumnos al pueblo se hacían más frecuentes.

Pero Remus no se daba cuenta de eso mientras daba pequeños saltitos, embebido en su canción.

El pececito quería nadar, la lá

Movía las aletas y no podía nadar, la lá

Vino su mamá, la lá

Y le enseñó a nadar, la lá N.A: Vaya parida, xD

Llegaron a la verja, la atravesaron, y James se acercó corriendo, dando traspiés.

- ¡Emus, Emus! ¡En! ¡Lily se ha hecho pupa! –gritó alarmado.

La madre de Remus sonrió.

- ¿Es tu amiguito, Remus? -preguntó.

Remus asintió, sonriente.

James contempló a la mujer, se ajustó las gafas, que resbalaban por su nariz, y le tendió la mano.

- Hola –dijo-. Me llamo James. Soy el amiguito de Emus.

La madre del niño rió con ganas y estrechó la mano del pequeño.

James le cogió la mano a Remus y tiró de él.

- ¡Vamo, Emus, vamo! –le urgió.

El chiquillo se despidió de su madre y salió corriendo detrás de James.

Lily estaba sentada en la hierba, llorando amargamente, mientras en su rodilla brillaba una gotita de sangre.

Frank Longbottom sujetaba a Sirius.

- ¡Mirad! ¡Sangre! ¡E asqueroso! ¡Quiero tocarlo, quiero tocarlo! –gritaba Sirius.

- ¡No, Irius! ¡Déjala!

Remus rió. James se agachó ante Lily.

- ¿Te duele mucho?

Ella asintió.

James observó la minúscula herida y luego miró los grandes ojos verdes de Lily. Sin previo aviso, se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

- Así se te pasa –sentenció ante la sorprendida chica. Se levantó y fue corriendo a jugar con Sirius, que había desistido de luchar contra Frank, y se entretenía tirando arena a Severus Snape.

Remus se alejó para ir junto a sus amigos.

Lily miraba asombrada a James que, a lo lejos, lanzaba piñas caídas del suelo a un sorprendido Lucius.

Ya no lloraba. Se llevó la mano a la mejilla, donde James le había besado, y sonrió.

OooOOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Fue tan sólo una pequeña muestra de su inmensa locura...

aimee's picture

Esta chistoso, pero tengo una pregunta:
Como es que Lily va a la guarderia de los magos, si ella era muggle?

DuLy's picture

Bueeeeeeeeeeeeee dejá bolar la imaginaciónnnnn no importaa... Muy bueno! Seguilo porfas!

Abajo Miranda!
Abajo Narnia!
Arriba la Orden!

"Dios mueve al jugador, y éste a la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?" J. L. Borges

Aura_91's picture

quote:Originalmente enviado por aimee
Esta chistoso, pero tengo una pregunta:
Como es que Lily va a la guarderia de los magos, si ella era muggle?

Es una de las muchas cosas de la historia que no debe cuadrar, pero tuve que meterla, porque sin Lily... Ya no sería lo mismo

Fue tan sólo una pequeña muestra de su inmensa locura...

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