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Teddy Lupin
En el asiento trasero, Teddy Lupin dormía acurrucado en el regazo de Ginny. La joven acariciaba distraídamente el pelo del niño, que en esos momentos era tan negro como el de su padrino, mientras miraba por la ventana. Aunque tanto ella como su marido, Harry Potter, eran magos y tenían formas muchas más rápidas de desplazarse, algunas veces les gustaba comportarse como simples muggles: ir al cine, al treatro, dar un paseo por Londres, llevar a Teddy al parque para que jugase con otros niños... E ir en coche constituía una de esas formas de adaptarse al mundo no mágico.
- Hoy se lo ha pasado en grande. -comentó Ginny refiriéndose al pequeño Teddy.
- Sí, no me extraña que esté tan cansado. ¡No ha parado de correr desde que llegamos! -Harry no pudo evitar sonreir al mirar por el espejo retrovisor la carita del niño.
Quería a Teddy Lupin como a un hijo e intentaba pasar con él todo el tiempo posible. Incluso tenía su propia habitación el número 12 de Grimmauld Place para cuando se quedaba a dormir.
Aquel día había sido el sexto cumpleaños de Teddy y, para celebrarlo, lo habían llevado a un parque de atracciones muggles. El niño se montó en todo lo que pudo y casi tuvieron que hacerlo un encantamiento de inmovilización para que parase a comer. Correteaba de un lado a otro, arrastrando a Harry tras sí.
Aparcó cerca de Grimmauld Place y cogió al pequeño Teddy en brazos mientras Ginny se bajaba.
- ¡Te olvidas a Lunático! -murmuró Teddy, sin abrir los ojos. -Cógelo, Ginny, porfa...
Harry tuvo que volver a abrir el coche para que su mujer cogiese al lobo de peluche preferido de Teddy. Se lo había regalado el propia Harry cuando todavía era un bebé, pero fue Teddy el que lo bautizó como Lunático.
El interior del número 12 de Grimmauld Place había sufrido un cambio desde que fuese la casa de los Black. Ya antes de casarse, Harry y Ginny habían decidido que ese sería su hogar, por lo que lo pintaron y redecoraron a su gusto. Ahora mostraba un aspecto acogedor y propio para una familia.
- Voy a acostar a Teddy. -le dijo Harry a Ginny casi en un susurro mientras ponía un pie en las escaleras. -Ahora vuelvo.
Ya en el dormitorio de Teddy, antes el de Sirius Black, Harry le cambió la ropa de calle por un pijama azul con un sencillo movimiento de varita. Con otro, destapó la cama, pero fue el mismo el que arropó al niño, ya totalmente dormido.
En la mesita de noche, había una foto en la que aparecían Remus y Tonks abrazados y sonrientes.
Abajo, en el salón, Ginny se había acurrucado en el mullido sofá del salón y leía un libro sobre quidditch. Harry se sentó a su lado y le besó en los labios. Luego, puso una mano sobre la barriga de la joven.
- Ya verás cuando tengamos a Teddy y al pequeño James correteando por la casa... -dijo, feliz.
Ginny frunció el ceño.
¿Cuándo he dicho yo que nuestro primer hijo se llamaría James? -preguntó.
Harry sonrió.
- Vamos, no seas así. James es un nombre bonito, ¿o prefieres Harry?
- ¿Otro Harry Potter? Ni pensarlo, puede que el nombre sea un imán para los problemas y me niego a que mi hijo se enfrente a profesores con dos caras, basiliscos, magos malvados y nosequé cosas más. -Ginny miró a Harry divertida. -¿Y si fuese una niña?
- Será un niño. -repuso Harry muy seguro de si mismo. -Ya lo verás.
Ginny hundió el rostro en la cabellera negra azabache de su marido y aspiró aquel olor tan familiar. Realmente, le daba igual el sexo del futuro bebé. Y Harry tenía razón: James era un nombre bonito.
A Harry lo despertaron los sollozos prodecentes del dormitorio de Teddy. Se levantó sin hacer ruido y avanzó por el pasillo a oscuras. La puerta del dormitorio estaba entrabierta y, al abrirla un poco más, chirrió.
- ¿Teddy, estás bien? -preguntó casi en un susurro mientras se acercaba a la cama.
El niño estaba hecho un ovillo debajo de las sábanas, con el pelo totalmente blanco y los ojos llorosos.
- ¿Harry? -preguntó, temblando.
- Sí, soy yo. No pasa nada, Teddy. Todo ha sido solo un sueño. -Se sentó en el filo de la cama y acarició el pelo del niño.
- ¡No! ¡No era un sueño! ¡Ella estaba allí, en el cuadro! -Teddy señaló el cuadro que había justo al lado de la puerta. Mostraba un paisaje de montaña, verde y fresco.
- ¿Ella? ¿Quién es ella? -preguntó Harry desconcertado.
- La que tiene cara de loca. -balbució Teddy. -Dice cosas malas de papá y mamá.
Con ojos como platos, Harry miró al cuadro, aparentemente inocente, y creyó saber de quién se trataba. Cogió al pequeño Teddy en brazos, que abrazaba a Lunático ya sin llorar.
- ¿Quieres dormir en mi habitación? -le preguntó Harry en un tono jovial, intentado ahuyentar el miedo del niño.
Teddy asintió en silencio y apoyó su cabecita en el hombro de su padrino.
- ¿Qué pasa? -preguntó Ginny sin apenas mover los labios cuando Harry entró con Teddy.
Puso a Teddy en su lado de la cama y con un disimulado gesto, pidió a Ginny que lo siguiera.
- Es Bellatrix. -dijo en voz baja cuando estuvieron en el pasillo. -O más bien su retrato. Está asustando al pobre Teddy diciéndole cosas sobre Remus y Tonks a traves del cuadro ese que hay al lado de la puerta de su dormitorio.
- Esa vieja arpía sigue fastidiando después de muerta. -dijo Ginny entre dientes. -Esta bien, lo primera será que nos deshagamos del cuadro. Mañana veremos que hacer.

Decidme que os parece y dependiendo de los comentarios continuaré escribiendo
hola
me paseaba por aqui y vi tu fic
esta muy tierno y dulce que lindooo
espero que continues me gusta mucho
y espero seguir leyendolo
cuidate y luego nos vemos
loo adoro, es super tierno, muy buen tema, siguelo porfis
Que bonito! escribes de maravila :)
siguelo cuando puedas, porfa!
Me alegro de que os guste, aquí va la continuación:
Cuando regresaron a la habitación, se encontraron a Teddy profundamente dormido en mitad de la cama.
- Está soñando con Tonks y Lupin. -le susurró Harry a Ginny al oido.
- ¿Qué? ¿Cómo lo sabes? -Ginny miró al niño y luego a su marido.
- Su pelo. -Harry señaló el cabello del niño, ahora rosa chicle. -Me he fijado que cada vez que sueña con ellos, se le pone así. Como el de Tonks...
Vio a Ginny esbozar una sonrisa.
A la mañana siguiente, Harry envió una lechuza a Hermione con la esperanza de que su amiga lo ayudase.
- Hubiese sido más rápido llamarlos por teléfono. -se quejó durante el desayuno.
- Solo hay un pequeño inconveniente: mi hermano y Hermione no tienen. -Ginny soltó una pequeña carcajada. -Cálmate, Harry.
De pronto, un ruido los interrumpió. Ginny y Harry intercambiaron una rápida mirada antes de salir corriendo al recibidor.
- ¡Yo se lo advertí, amo! ¡Se lo advertí! -decía Kreacher con los ojos muy abiertos. -¡Le advertí que no cogiese la escoba del amo!
Harry y Ginny miraron hacia arriba y esta última no pudo evitar un grito ahogado al ver al pequeño Teddy colgado de la lámpara.
- ¡Ayúdadme! -les pidió mientras pataleaba. -¡Ayúdame, Harry!
Harry, que se debatía entre las ganas de reirse y el saber que debía regañar al niño, optó por cruzarse de brazos y decir:
- Te dije que no cogieses la Saeta sin mi permiso, Ted.
- I-iba a la cocina, te lo juro, Harry. -el pelo de Teddy empezaba a ponerse de un rojo vivo. -¡Pero si iba en escoba era más rápido! ¡Bájame ya, por favor!
Harry sacó su varita y con un sencillo y suave movimiento de muñeca, Teddy Lupin se encontró entre los brazos de su padrino.
- ¿Estoy castigado? -preguntó mientras lo miraba con ojos apenados.
Aunque había heredado los ojos dorados de Lupin, su mirada tierna era la de Tonks.
- De momento no... -suspiró Harry. -Pero no quiero que vuelas a coger la Saeta sin vigilancia, Teddy, podrías hacerte daño.
- Kreacher guardará la escoba en un lugar seguro, amo. -el elfo le quitó la Saeta a Harry y subió las escaleras.
Teddy se acercó a Ginny y apoyó la cabeza en la barriga de esta.
- Tengo hambre, ¿puedo ir desayunar?
- Sí, claro. -asintió Ginny.
- Aunque la Saeta sobrevivió a la persecución de Voldemort y los mortífagos, no creo que lo haga a Teddy. -bromeó Harry mientras seguía a su ahijado.
Ginny suspiró con una media sonrisa.
gracias por actualizar de verdad esta muy lidooooooooo
me encante de verdad.
sigue sigue plis plis
Hermione y Ron llegaron aquella misma tarde.
- Es una magia muy poderosa... -murmuró Hermione mientras miraba el cuadro. -Es imposible despegarlo de la pared...
- Pues poned una cortina. -propuso Ron.
- ¡Ronald! No tiene ninguna gracia. El retrato de Bellatrix está asustando al pobre Teddy.
- ¡No era ningún chiste! -repuso el pelirrojo, ofendido.
Hermione ignoró al que desde hacía unas semanas era su marido y se volvió a Harry y Ginny.
- ¿Este cuadro ha estado siempre ahí? -les preguntó.
Harry abrió la boca para responder, pero se vio obligado a cerrarla, ¿había estado siempre ahí? Aquella era la antigua habitación de Regulus Black y nunca le había prestado mucha atención.
- Sí... -respondió Ginny. -Cuando pusimos el papel de la pared de esta habitación no hizo falta quitarlo. Quiero decir, lo hice con magia y no tuve necesidad. En realidad me pareció un cuadro bonito.
- A lo mejor Bellatrix lo puso aquí... -opinó Ron gesto experto.
-¡Es lo más sensato que has dicho en tu vida! -lo felicitó Hermione.
- ¿Qué quieres decir con eso? -atajó Ron, molesto.
- Bellatrix pudo haberlo puesto durante la segunda guerra... Sí, claro. -Harry se rascó la barbilla y miró a Hermione. -¿Cómo lo quitamos?
- Bueno, el retrato de Bellatrix tiene que venir de otro cuadro, de su cuadro original... Si destruimos ese cuadro, acabos con Bellatrix.
- ¿Y dónde se supone que está el original? -Ginny los miró a todos.
- En la mansión Malfoy. -dijo Ron.
Hermione lo miró con los ojos muy abiertos.
- ¿Quién eres tú y que has hecho con mi Ron?
WOW¡¡¡
me encanta muy bien felicides pero...
ahora sigue sabes?deberias hacer un poquito mas grande los cap no?
la verdad me gusto y de verdad SIGUELO.
andreovska
Harry llevó a Teddy a casa de Andromeda aquella tarde. Aprovechó que Teddy había salido al jardín a jugar con su escoba de juguete (Harry intuía que sería un buen jugador de quidditch) para hablar con Andromeda y ponerla al corriente de todo.
- El único inconveniente. -dijo Harry. -Es que no puedo presentarme en casa de los Malfoy asi como asi.
Andromeda fruncio el ceño, pensativa.
- Puede que haga una visita a mi hermana. -dijo, casi para sí. -Intentaré averiguar donde está el cuadro. -luego añadió más segura. -No dejaré que Bellatrix asusté a mi Teddy incluso después de muerta.
Harry no pudo evitar sonreir. Ojalá hubiese tenido él a alguien como Andromeda cuando era un niño.
- ¡Ted, me voy! -exclamó Harry desde la puerta de entrada.
Ted entró por la puerta del jardín montada en su escoba, apenas a un palmo del suelo, y se lanzó a los brazos de Harry.
- Ven pronto a verme. -le pidió.
- ¡Claro! Sabes que el fin de semana que viene puedes venir a casa a dormir.
- ¡NO! -negó Teddy con los ojos muy abiertos y el rostro aterrorizado. -No quiero dormir más allí mientras ella esté en cuadro.
Harry se agachó hasta estar a la altura del niño y le puso una mano en el hombro. Teddy lo miró con sus dorados ojos.
- Dice cosas malas de mis padres, Harry. -susurró. -Cosas que no quiero oir... ¿Y si es verdad lo que dice?
- Theodore Remus Lupin. -Harry pronunció con suavidad el nombre del niño mientras que colocaba su mano en el hombro del pequeño. -Ese fue el nombre que te pusieron tus padres, los magos más valientes que he conocido. Bellatrix Lestrange, ¿sabes quién es?
Teddy negó con la cabeza.
- Es la mujer del cuadro, la que tiene cara de loca. -especifó Harry. -Fue una mortífaga, ¿recuerdas que te dije sobre los mortífagos?
- Eran magos malos. -resumió el niño con un hilo de voz.
Harry hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
- Tus padres se enfrentaron a mortífagos para que tú vivieses en un mundo mejor, ¿no crees que es algo heróico?
- No... -farfulló Teddy bajando la mirada. -Están muertos. Están muertos porque se enfrentaron a mortífagos.
Harry lo miró con compasión. Pobre Teddy.
- Lo hicieron por ti, Teddy. Para que no vivieses asustado. Para que nadie más viviese con miedo.
- Me dejaron solo...
- ¡Claro que no! Tienes a tu abuela, me tienes a mi, a Ginny, a Ron y Hermione, ¡y a los señores Weasley! Hay mucha gente que te quiere y se preocupa por ti, Teddy. Nunca vas a estar solo. -Harry le dirigió una semisonrisa.
Mientras Teddy lo abrazaba, Harry pudo ver a Andromeda en la puerta de la sala de estar de brazos cruzados y con una sonrisa dibujaba en su anciano rostro.
- ¿Qué te ha dicho Andromeda? -le preguntó Ginny cuando entró en el número 12 de Grimmauld Place.
- Irá a visitar a Narcisa Malfoy. -respondió Harry mientras le daba la chaqueta a Kreacher. -E intentará averiguar donde está el retrato de Bellatrix.
- ¿Teddy también irá? -Ginny se mostró extrañada.
- Teddy estará en el colegio. -le corrigió Harry.
Tras haber hablado con Andromeda, Harry y ella habían acordado que Teddy iría a un colegio muggle hasta que tuviese la edad necesaria para ingresar en Hogwarts. Había sido un poco difícil convencer al niño de que tenía que escojer un color de pelo para cuando estuviese en presencia de sus compañeros y profesores, pero más difícil había sido hacerle entender que no podía aparecer en un colegio muggle con el pelo turquesa.
- Es verdad. -Ginny se dio un golpecito en la sien. -Se me había olvidado. Me resulta extraña la idea de un colegio en el que no enseñan magia.
- No, pero enseñan a leer, escribir, sumar, restar... -Harry se encogió de hombros. -Lo normal entre muggles.
Ginny se acurrucó a su lado y apoyó la cabeza en el hombro de su marido. Harry colocó una mano sobre su vientre y sonrió. Apenas quedaban unas pocas semanas.
- James Sirius Potter. Suena cada vez mejor. -dijo al oído de Ginny.
- Gracias por pedirme opinión con el nombre. No sé si recuerdas que el hijo es de los dos. -ironizó Ginny.
- Los otros se llamarán como tú quieras, cariño. -prometió Harry dándole un beso en la frente. -Pero deja que mi primogénito lleve el nombre de los dos hombres más importantes de mi vida.
- Mmm... ¿qué otros? ¿Cuándo he dicho yo algo de "otros"? -Ginny lo miró con sus bonitos ojos castaños, divertida.
- ¿No vas a querer darle un hermanito a James? -preguntó Harry.
- ¿Y qué pasa con Teddy? Hace poco dijiste que te los imaginabas corriendo por la casa. -le recordó Ginny.
- Ya, ya... -asintió Harry. -¿Pero que pasará cuando Teddy entré en Hogwarts? ¿Vas a dejar que James se aburra?
- Bueno, mirándolo así... -Ginny sonrió. -A lo mejor pienso en "otros".
Cuatro días después, Harry recibió una carta de Andromeda:
Querido Harry:
Ayer hice la visita a Narcisa de la que te había hablado. No dudé en
comentarle el asunto de Bellatrix y se mostró dispuesta a ayudarme
para, según dijo, salvar la deuda que tiene contigo. El retrato de mi
querida hermana se encontraba en un corredor en deshuso por lo
que nadie había reparado nunca en él. El retrato de Bellatrix, tan
amable como fue ella siempre, despotricó contra nosotras mientras
nos deshacíamos de él. Si todo ha salido bien, Bellatrix Lestrange no
volerá a asomarse por Grimmauld Place.
Atentamete:
Andromeda
P.D.: Teddy se muere de ganas por pasar una noche con vosotros.
- Fantástico. -dijo Ginny a Harry por encima del hombro de este tras haber leído la carta.
Harry asintió con la cabeza, feliz. Cogió una pluma y escribió una contestación a Andromeda.
Querida Andromeda:
Gracias por ayudarnos. Usted y Teddy están invitados a cenar con nosotros
este viernes.
Atentamente:
Harry
P.D.: Teddy puede traerse el pijama.
Me alegro de que te guste.
dreamer_moon gracias
pero que te parece entra a "conozcamonos mejor"
hay varias amigas y creo que a una amiga quizas le guste se llama Nary
que te parece pasasar presentate y di el nombre de tu fic
ya sabes yo lo leere de eso no te preocupes
ademas me gusta apoyar a las que apenas entraron ya que yo tambien tengo mi fic
claro si puedes pesa pero ya esta muy adelantado.
te espero.
y me gusta esta super tierno¡¡¡¡¡
- ¡Haz el favor de estarte quieto, Harry! -le pidió Ron. -¡Vas a acabar por ponerme nervioso a mí también!
Se encontraban en una de las salas de espera del hospital San Mungo. El señor y la señora Weasley habían ido a tomar algo y Hermione hacía salir pequeños lobos de humo con la varita para entretener a Teddy.
- ¿Cómo quieres que me esté quieto si mi mujer está a punto de dar a luz! -exclamó Harry pasándose una mano por el indomable cabello azabache. -¡Voy a ser padre, Ron! ¡Es normal que esté nervioso!
- ¿Ser padre es mejor que ser padrino? -los interrumpió la voz de Teddy que había apartado por un momento la vista de los lobos que trotaban alrededor de Lunático.
- No, por supuesto que no. -negó Harry distraídamente.
- ¿Todavía sigue dentro? -les preguntó el señor Weasley cuando llegaron.
Ron asintió con la cabeza.
La señora Weasley se llevó una mano a la boca, emocionada.
- A mi pequeña, me va a hacer abuela. -dijo.
- Ya eres abuela. -la corrigió Ron. -No sé si lo recuerdas. A lo mejor te suenan de algo los nombres de Victoire, Dominique, Loiuse, Molly, Lucy, Fred II...
- Éste no llevará el apellido Weasley. -dijo Arthur Weasley casi con tristeza.
- Bastará que sea pelirrojo. -bromeó Ron.
Todos rieron la gracia.
- ¿Señor Potter? -una enfermera apareció detrás de ellos.
- ¡Yo! -Harry pegó un rebote y se giró. -¿Ha nacido ya? ¿Cómo está Ginny? ¿Y el bebé?
- Ambos están en perfectas condiciones. -sonrió la enfermera, divertida ante el comportamiento del padre primerizo. -Pueden pasar a verla cuando...
Pero no le dio tiempo a terminar la frase. Harry entró velozmente en la habitación, pero cuando vio a Ginny con un pequeño bulto entre los brazos, se quedó clavado en el sitio. Ginny estaba roja a causa del esfuerzo pero en su rostro se dibujaba la sonrisa más bonita que Harry hubiese visto nunca. Se acercó a Ginny lentamente.
- Te presentó a James Sirius. -le dijo la joven al tiempo que le daba al bebé.
Harry lo cogió entre sus brazos como si fuese la cosa más delicada del mundo y se quedó mirándolo. Era muy pequeño y rosado y casi podía jurar que olía a dulce. Cuando Harry lo cogió, empezó a llorar. Y aquel llantó le sonó a vida.
- Es perfecto. -dijo sin apenas mover los labios.
- ¡Déjame verlo, Harry!
Teddy y los otros habían entrado en la habitación y ahora el niño se agarraba a su pierna. Cogiéndo al pequeño James con una mano, cargó a Teddy con el otro brazo.
- Vaya, es igual de grande que Lunático. -dijo el niño. -Todavía va a tardar en saber jugar.
Todos rieron ante el comentario del niño. Luego fue la señora Weasley quien cogió a James. Pero, sin duda, el momento más divertido fue cuando le llegó el turno a Hermione. Cogió a James con torpeza, como si fuese una bomba a punto de estallar.
- Lo que le pasa es que no hay ningún libro que le diga como debe hacerlo. -bromeó Ron, que sin embargo mirada con cariño a su mujer. -No sé que va a hacer cuando tengamos hijos nosotros.
me encanta que mas puedo decir?
solo que sigue.
gracias por pasar
dreamer, qe te puedo decir, eres un muy buen escritor, me encanta ver como han evolucionado la historia, es muy tierno.
solo te pido que actualices pronto, por favor, es muy linda historia. no se qe mas decirte solo qe felicidades por tan buena y hermosa historia. siguela porfis.
Casi sin que se dieran cuenta, James fue creciendo. A los pocos meses ya era un bebé gorgojeante, de ojos castaños y pelo rebelde como el de su padre. Y no mucho después, aprendía a hablar y a andar. Teddy también crecía, y pasó de ser un niño de mejillas rosadas y cara redonda a un chiquillo espigado, delgado como un junco y de mirada dorada.
A los dos años llegó Albus Severus, cuyo segundo nombre fue propuesto por Ginny y aceptado con algo de recelo por los Weasley. A la vez nació Rose, la primogénita de Ron y Hermione.
Y cuando Ginny se dio cuenta de que estaba nuevamente embarazada, Teddy recibió una carta de Hogwarts.
Cuando Harry lo vio asomado por una de las ventanillas del Expreso de Hogwarts, con una radiente sonrisa dibujada en su rostro delgado y el cabello turquesa revuelto por las corrientes de aire, se sintió orgulloso de haber ayudado a criarlo.
Dos días después, Gwelion, la nueva lechuza de Teddy, les llevó una carta del chico.
- ¡Ginny! ¡Teddy está en Hufflefpuff! -informó Harry.
- Oh, igual que Tonks. -recordó Ginny que llevaba en brazos a Albus y a James pegado a sus faldas. Sin embargo, cuando el mayor de los chicos oyó el nombre de Teddy, se separó de su madre y corrió hasta Harry.
- ¿Qué dice Teddy, papá? Lee la carta, lee la carta. -apremió.
Queridos Harry y Ginny:
Hogwarts es mucho mejor de lo que me habíais descrito. Hagrid nos
llevó en bote hasta el castillo y luego Neville (ahora es el profesor Long-
bottom) nos llevó hasta el Gran Comedor. En realidad llegó un poco tarde
porque dijo que no recordaba el camino desde la sala de profesores
hasta el vestíbulo -Neville, siempre tan olvidadizo, pensó Harry -
Como es su primer año de profesor Hagrid dijo que debíamos disculparlos.
Nos pusimos en fila para ser seleccionados y fui casi de los últimos.
Cuando el profesor Longbottom me puso al sombrero seleccionador creí
que me moría de los nerviosos. ¿Sabes qué, Harry? El sombrero no sabía
si ponerme en Gryffindor (cómo a papá) o en Slytherin (cómo a la abuela).
Así que le pedí al sombrero que me pusiese en Hufflepuff, igual que a mi
madre. Espero que no te importe. Ya sé que tú y Ginny sois de Gryffin-
dor, pero a lo mejor el sombrero me ponía en Slytherin y no quería
estar en esa casa.
¿Sabéis qué? En los muros del Gran Comedor están escritos los nombres
de todos los que murieron en la segunda batalla de Hogwarts. Me siento
justo delante de los nombres de mis padres.
Madadme una lechuza cuando nazca el bebé.
Un abrazo para todos
Teddy
P.D.: Decidle a Jamie que ya lo hecho de menos.
- ¡Me hecha de menos! -exclamó James casi con fascinación.
Teddy era una especie de héroe para el niño, y solo saber que lo hechaba de menos, lo llenaba de gran satisfacción.
- ¿Y quién no? -Harry revolvió el pelo del niño antes de escribirle una contestación a Teddy.
Querido Teddy:
Enhorabuena por haber quedado en Hufflepuff. Ginny y yo estámos orgu-
llosos de ti, aunque lo estaríamos igualmente si hubieses sido seleccionado
Para Slytherin.
No te metas en problemas que sean demasiado graves -Ginny miró a Harry
con las cejas arqueadas. -¡Tiene once años, no se va a comportar como
un santo. -se excusó Harry. -Es más, me decepcionaría que no hiciese nin-
guna excursión nocturna por Hogwarts. - Ve a visitar a Hagrid de vez en
cuando y escribenos cuando quieras.
Un abrazo muy grande de parte de todos.
Harry.
- ¡Dile algo mío! -pidió James con ojos soñadores.
- Está bien, está bien... -Harry volvió a mojar la pluma en la tinta.
P.D.: Sospecho que a James se le van a hacer muy largas las semanas que que-
dan para Navidad.
Metió la carta en un sobre y se la entregó a Gwelion. Cogió a James en brazos y juntos observaron volar a la lechuza hasta que solo se convirtió en un puntito negro.
- ¿Quién quiere ir al callejón Diagon? -preguntó Harry.
- ¡YO! ¡YO! -exclamó James botando en brazos de su padre. -¡Yo quiero!
- ¡Digon! -repitió Albus.
- Si no queda otra... -suspiró Ginny, con resignación.
muy poquito, pero muchas gracias igual, siguelas, esta bueno, ,...
Es que no tengo mucho más.
no te preocupes, continuala cuando puedas, es solo que esta historia en particular me encanta, y como soy una adicta de historias ps... igual gracias
Bueno, tengo una buena noticia: acabo de escribir un poco más. No es particularmente bueno, pero confió en que no defraudará.
Teddy dobló la carta de su padrino y se la guardó en uno de los bolsillos interiores de la túnica. Luego, se sirvió zumo de calabaza y una enorme magdalena que parecía recien hecha.
Se encontraba en el Gran Comedor, sentado en la mesa de Hufflepuff. Todavía era temprano y se encontraba practicamente solo a excepción de un par de chicas de sexto y un grupito de tercero sentados en el extremo opuesto de la mesa.
Cuando casi había acabado, un chico moreno se sentó a su lado.
- ¿Por qué no me has despertado?
- Lo intenté, pero dormías como un lirón. -repuso Teddy sin darle mucha importancia.
- Bah, no exageres. -le quitó importancia el chico moreno sirviéndose más comida de la que iba a ser capaz de digerir. -Me encanta la comida de Hogwarts, me pregunto quién la cocinará.
- Elfos domésticos. -respondió Teddy. -La cocina está detrás de un cuadro de frutas.
- ¿Y tú cómo lo sabes? -en el rostro de su amigo se dibujo una sonrisa algo maliciosa.
- Oh, me lo dijo mi padrino. -Teddy se limpió la boca con una servilleta y cambió de tema. -¿Me queda bien el color de pelo que llevo hoy?
El chico moreno miró con envidia el cabello violeta y lacio que aquel dia se había dejado Teddy.
- No es justo que tu puedas cambiar tu físico cada vez que quiera... -dijo mientras miraba con aburrimiento un mechón negro que le caía sobre los ojos. -Y yo siempre tenga que estar igual...
Teddy sonrió con cierta chulería y su cabello se volvió de un amarillo canario.
- Te quedaba mejor el violeta... -opinó su compañero haciendo una mueca.
Sin embargo, Teddy lo cambió a un azul turquesa, su color favorito.
- Vamos, a primera hora tenemos clases con Hagrid. -Teddy se puso en pie y se colocó la mochila la hombro.
- ¡Espera! -le pidió el otro chico, atragantándose con un trozo de tostada. -¡No he terminado!
Pero Teddy ya se dirigía a la salida. El otro chico se llenó los bolsillos de galletas y, tras darle el último sorbo a su vaso de zumo, corrió detrás de Teddy hasta ponerse a su altura.
Afuera todavía quedaba algo del frío de la madrugada y ambos chicos sintieron un escalofrío al salir.
- ¡Teddy! ¡Martin! ¡Qué madrugadores! -los recibió Hagrid desde lejos.
Ambos chicos lo saludaron con una mano y trotaron hasta llegar a él.
Teddy conocía a Rubeus Hagrid desde que era pequeño. Al niño le caía bien aquel semigigante bonachón, de mirada amable y palabras algo torpes que le regalaba golosinas de Honydukes.
- ¿Qué has preparado para nuestra primera clase, Hagrid? -preguntó Martin apoyándose contra la valla.
Teddy miró al que desde hacían unos días era su nuevo amigo. Se llama Martin Jefferson y era hijo de una bruja y un muggle porque lo que estaba al tanto de todo lo que en el mundo mágico sucedía. Era un chico delgado, igual de alto que él y con la piel morena. Largas pestañas enmarcando sus ojos oscuros almendrados y unas facciones delicadas, daban a su rostro cierto aire afeminado e inocente que poco tenía que ver con él.
- Ya lo veréis dentro de un rato. -contestó Hagrid sonriendo como un niño que acaba de enterarse que recibirá por Navidad todos los regalos que desea. -Seguro que os van a encantar.
Teddy lo miró con desconfianza. Había escuchado conversaciones entre su padrino, Ron y Hermione acerca de como eran las clases de Hagrid y dudaba de las palabras del semigigante.
muchas gracias, te pasas, siguela cuando puedas
Al cabo de media hora, empezaron a llegar el resto de los alumnos. Compartían la clase con los de primer año de Gryffindor.
- ¡Bien, bien! ¡Acercaos! -los llamó Hagrid. -¡Acercaos!
Los niños fueron formando un semicirculo alrededor de Hagrid.
- Bien. -repitió el profesor mirando cada uno de los pequeños rostros de los nuevos alumnos. -Hoy, por se vuestro primer día, empezaremos con los gusamocos...
Hubo una queja por parte de todos, incluidos Teddy y Martin. Los gusamocos eran gusanos gruesos de color marron de unos veintinco centímetros de largo y extremandamente aburridos.
- Poneos de tres en tres... -Hagrid hizo casi omiso a las protestas. -Y coged una caja de gusamocos.
Martin y Teddy obedecieron a regañadientes y cogieron su caja. Se les unió un chico de Gryffindor, bajito y algo gordo que decía llamarse Greg Kispper.
- No parecen muy mágicos. -suspiró Greg mientras apretaba a uno de ellos.
- ¡No! -quiso detenerlo Teddy, pero fue demasiado tarde.
El gusamoco expulsó una viscosa baba por uno de sus extremos que dio de lleno a Greg en la cara.
- ¡Buaggg! -el gryffindor se apartó de un salto y corrió a limpiarse con la túnica. -¡Qué asco!
- Los gusamocos no son aburridos, pero si algo asquerosos. -explicó Teddy. -¿Es que nunca has visto uno?
Las mejillas de Greg se sonrojaron.
- Mis padres son lo que vosotros llamáis muggles... -dijo como quién no quiere la cosa. -Todo esto es nuevo para mi.
Queridos Harry y Ginny:
Por aquí todo va muy bien, aunque cada vez parecen mandarnos más
deberes y casi no tenemos ninguna tarde libre. Ayer nevó y no pudimos dar clase con Hagrid asi que Martin y yo nos quedamos en la sala común
porque se estaba muy agusto y adelantamos algunos cosas de Pociones.
¡Soy un desastre para esa asignatura! Pero el profesor Slughorn es bastante
bueno y suele poner buenas notas.
Las pruebas para el equipo de quidditch empezaron hace unos díos, ¡es una
pena que los de primeros no podamos entrar en el equipo! Intenté convencer
a Julia (la capitana de Hufflepuff) para que me dejase hacer las pruebas de
golpeador, pero dijo que era un blanco fácil para las bludgers. Probaré el
año que viene.
Por cierto, ¡Martin y yo hemos descubierto la entrada a la cocina! y ahora
Martin se pasa todo el tiempo entrando y saliendo para coger algo de picar.
En verdad, los elfos son muy simpáticos y están todo el rato inclinándose y
ofreciéndonos comida.
Os hecho mucho de menos
Teddy
P.D.: No os preocupéis, le escribo todas las semanas a la abuela. Dadle
recuerdos a James.
- ¡Otra vez yo! -exclamó el niño como cada vez que Teddy lo nombraba en sus cartas.
Harry besó la cabeza de su hijo mayor.
- Ya sabes que siempre se acuerda de ti, James. -le dijo con una sonrisa.
James bajó del regazo del hombre para correr hasta su madre que acababa de llegar.
- ¡Teddy ha escrito, mamá! ¡Teddy! -informó James con esa tono de ilusión y admiración que ponía cada vez que hablaba del ahijado de su padre.
- ¿Sí? ¿Y qué dice? -le preguntó Ginny.
James arrugó el ceño, pensativo.
- No lo sé. -terminó por reconocer, luego una sonrisa se dibujo en su rostro. -¡Pero me dice a mí!
Ginny le lanzó una mirada divertida su marido.
- ¿Dónde está Al?
- Arriba, durmiendo en nuestro cuarto. -Harry se puso de pie y la besó, luego salió al recibidor. -Tengo que ir un momento al ministerio, volveré a la hora de comer.
- ¿Puedo ir, papá? -suplicó James mirándolo con unos ojos castaños herencia de Ginny.
- No. -respondió Harry dulce pero tajantemente.
- ¡Quiero ir! -James estaba a punto de soltar una rabieta.
Ginny lo cogió de la mano.
- Papá a dicho que no. -lo reprendió. -Te vas a quedar en casa, conmigo y con Al.
- Yo quiero ir... -volvió a repetir James, enfurruñado.
Sin hacer caso del niño, Harry se puso el abrigo y abrío la puerta, haciéndo entrar una ráfaga de aire frío que hizo estremecerse a madre e hijo ya que solo llevaban un fino jersey cada uno.
- ¿A quién le apatece una taza de chocolate caliente? -preguntó Ginny.
- ¡A mí! -el ánimo de James cambió de pronto.
Entró al trote en la cocina y Harry y Ginny tuvieron el tiempo justo de despedirse con un beso.
me gusta y de verdad esta lindo sigue xfa.
bexos
dreamer, gracias por seguir escribiendo...
- ¡Es verdad! ¡Es Harry Potter! -exclamó Martin cuando él y Teddy bajaron del Expreso de Hogwarts.
- Claro que lo es. -Teddy suspiró y buscó con la mirada al resto de su familia.
Allí estaba Harry, alto, desgarbado y con el pelo negro revuelto. A lo lejos vio a Ginny con Albus en brazo y James corriendo hacía él.
- ¡TEDDY! -James se lanzó a Teddy haciéndolo perder el equilibrio.
Martin tuvo que sujetar a su amigo para que no se cayese.
- Eh, hola Jamie. -Teddy abrazó al niño. -¡Cuántos has crecido!
- Hola, Teddy. -Andromeda Tonks acababa de aparecer y mantenía los brazos abiertos.
- ¡Abuela! -esta vez fue Teddy quién dio el abrazo. -¡Te he hechado de menos!
Abuela y nieto permanecieron abrazados durante un buen rato hasta que Martin los separó.
- Euh... Teddy, ¿me presentas a Harry Potter? Mis padres ya me están esperando... -pidió un poco cortado.
- ¿Qué? Ah, sí. Ven.
Seguidos de Andromeda, llegaron hasta los Potter.
- ¡Harry! ¡Ginny! -Teddy recibió un fuerte abrazo por parte de su padrino y un sonoro beso en la mejilla de Ginny. -Qué grande está Al.
- Teddy... -apremió Martin en su susurro.
- Esto, os presento a Martin Jefferson, ya os he hablado de él por las cartas. Martin, estos son Harry y Ginny y ellos James y Albus.
Pero Martin ya no lo escuchaba. Estrechaba la mano de Harry con admiración, como si no pudiese creer que estuviese sucediendo.
- Encantado de conocerlo, señor Potter. -dijo atropelladamente. -De verdad lo digo. Tenía muchas ganas de conocerlo. Pero muchas... ¡No sabe cuántas!
Harry no pudo evitar sonreir ante el azoramiento del niño.
- Igualmente, Martin. -con aquellas palabras estuvo a punto de hacer que el corazón de Martin se le saliese del pecho.
- Bueno, yo me tengo que ir. -se despidió Martin casi con tristeza lanzádole una rápida mirada a sus padres, que se encontraban a unos metros de ellos.
- Ya te escribiré. -le prometió Teddy. -¡Adiós!
- ¡Pero deja que los niños se diviertan! -George Weasley le dio una palmada en el hombro a su hermano Percy.
Era el día de Navidad y la familia Weasley, los Potter, Andromeda y Teddy se encontraban reunidos en la Madriguera, apretujados en el salón.
Louise, el único hijo varón de Fleur y Bill, un chiquillo de seis años años y cabello rubio rojizo, acaba de darle a su prima Rose un trozo de caramelo longuilengui y ahora la niña lloriqueaba mientras su lengua crecía por momentos.
Con un sencillo movimiento de varita, George hizo que la lengua de Rose volviese a su tamaño original.
- ¿Ves? Todo solucionado.
Pero Percy le lanzó un mirada asesina antes de regañar a su propia hija por saltar encima del sofá con los zapatos puestos.
Todo lo alejados que se podía estar en aquella habitación, Teddy y Victoire hablaban animadamente.
- Hogwarts es el mejor lugar del mundo. -decía el chico con ojos soñadores. -Las escaleras se mueven y tienes que tener cuidado porque hay peldaños que desaparecen cuando los pisas, el techo del Gran Comedor refleja el tiempo que hace fuera, los fantasmas intentan ayudarte los primeros días pero acaban liándote más y cuando nieva, parece una de esas postales muggles que se venden en las tiendas de souvenirs.
- ¡Jo! A mi todavía me quedan dos años... -protestó Victorie tristemente.
- Se te pasarán volando. -le prometió Teddy. -Te lo aseguro.
- Pero cuando yo entré en Hogwarts tú ya serás mayor...
- Bueno, solo tendré trece años. -calculó Teddy mentalmente. -Podré ser tu guía personal y si eres seleccionada para Hufflepuff...
- No. -le cortó Victorie. -Iré a Gryffindor, como mi padre.
Teddy se encogió de hombros.
- Está bien. Solo decía que si estabas en Hufflepuff podríamos pasar más tiempo juntos...
- ¿Para qué? -inquirió Victoire clavando en él sus infantiles ojos azules.
Aunque tenía menos sangre de veela que su madre, Victoire Weasley poseía una inocente belleza que hacía que la gente no pudiese evitar envidiarla a pesar de tener solo nueve años. El cabello, rojizo y hondulado, le caía hasta medía espalda de forma elegante como si de una cascada se tratase. Se lo retiraba de la cara poniéndoselo detrás de las orejas aunque siempre había un mechón que se le resistía y acababa sobre sus penetrantes ojazos azules. Tenía un rostro limpio de pecas (algo raro pues se trataba de una Weasley) y de facciones suaves con aquella redondez infantil que le daba un aspecto angelical.
- No sé, pensé que te gustaría que estuviese contigo tus primeros días... -Teddy titubeó. -¿No quieres?
- Claro que sí. -Victoire sonrió.
- ¡A comer! -llamó la señora Weasley.
Todos salieron al jardín entre charlas, risas y el alboroto de los niños. Había montado una pequeña carpa para comer pues era imposible que veintiseis personas cupiesen en la pequeña cocina de los Weasley.
La comida de Navidad transcurrió tranquilamente entre bromas y conversaciones de los más disparatadas.
Teddy, sentado entre Harry y Andromeda, disfrutaba como nunca. Ron contaba chistes, a cada cual más malo, que hacían que a Angelina, la mujer de George, se le saltasen las lágrimas de la risa. Sin embargo, Penelope, la mujer de Percy, permanecía seria y con la mirada fija en su plato, como si esperase a que el pollo le fuese a hablar de un momento a otro.
Podía oír a Ginny y Hermione hablar sobre los bebés que ambas esperaban y a George, Bill y el señor Weasley discutir sobre temas de quidditch.
- ¿Te lo estás pasando bien? -le preguntó Harry al oído.
Teddy asintió con una sonrisa y se estiró para poder decirle.
- ¿Crees que deberíamos decirle a Bill que los Chudley Cannons van los últimos?
Harry negó con la cabeza y luego le dirigió una mirada cómplice.
- Dejémosle seguir peleandose con Bill y Arthur.
Después de comer, los niños se quedaron jugando en el jardín. Teddy, al ser el mayor, era considerado una especie de cabecilla por el resto y sobre él recaía la obligación de elegir un juego.
- Fútbol. -dijo tras pensarselo un rato.
- ¿Qué es eso? -preguntó Dominique, la hermana pequeña de Victoire.
- Es un juego muggle... -empezó a explicar Teddy, pero fue interrumpido por Freddy:
- ¡Los muggle son aburridos!
- No, que va, el fútbol está bastante bien. -repuso Teddy.
- Yo si quiero jugar al futol. -saltó James.
- Fútbol. -le corrió Teddy.
- Yo también quiero. -secundó Victoire.
Poco a poco, los otros fueron accendiendo.
- Esta bien, estás son las reglas del juego. -Teddy se las sabía de memoria, pues Martin se había encargado de repetirselas un montón de veces durante el último trismetre.
- ¿A qué juegan los niños? -preguntó Ron mirando desde la ventana del salón hacía el jardín.
- Al fútbol. -le respondió Harry asomándose. -Es muggle. -añadió al ver la cara que Ron ponía.
- ¡Ah! -el pelirrojo se dio un golpecito en la sien. -Creo que Dean Thomas lo mencionó alguna vez...
me gusto y me salieron algunas risas gracias por ello jejeje
bueno que puedo decir solo que sigue aqui te esperaremos
monikamoa y yo.
besos y cuidate.
Aquella noche, cuando los Potter, Andromeda y Teddy regresaron a Grimmauld Place, Albus y James iban profundamente dormidos en brazos de sus padres y a Teddy se le empezaban a cerrar los ojos de sueño.
- Es muy amable por vuestra parte invitarnos a pasar la noche. -agradeció Andromeda una vez hubieron entrado en el recibidor.
- Ya sabes que nuestra casa... -empezó Harry.
- ... es vuestra casa. -terminó Teddy entre bostezó. -Ya lo sabemos, Harry.
- No seas maleducado, Theodore. -le reprendió Andrómeda con severidad.
- Pero abuela, si cada vez que nos quedamos dices lo mismo... -se excusó el niño ahogando un bostezo. -Buenas noches.
Subió las escaleras medio dormido y se tumbó en la cama sin nisiquiera quitarse la ropa. A los pies de esta se amontonaban los regalos que había recibido aquella mañana: una caja enorme de golosinas de Honydukes, el tradicional jersey de Molly, un libro sobre metamorfomagos por parte de Hermione, un buen surtido de sortilegios Weasley, nuevas piezas para el ajedrez mágico y, lo más especial de todos, el mapa del merodeador.
- Dado que eres el hijo de uno de merodeadores y estás en Hogwarts, esto te será más útil a ti que a mi. -le había dicho Harry aquella mañana.
Teddy había cogido el mapa, maravillado. Sabía de la existencia de este pero siempre había dado por sentado de que sería James quién lo heredase pues él era el hijo de Harry.
- Pero, ¿y James?
- Quiero que lo tengas tú, Ted. -repuso Harry antes de cambiar de tema.
Lily Luna Potter nació la mañana que Teddy tenía que regresar a Hogwarts. Eran apenas las seis cuando Ginny empezó con las contracciones y a las siete estaban todos en San Mungo.
James y Albus dormían apoyando sus cabecitas en el regazo de Andromeda y Harry y Teddy intentaban pasar el rato con una partida de cartas muggles. Los señores Weasley tardarían poco en llegar y Ginny estaba a punto de dar a luz.
Luna Lovegood apareció cuando el medimago salió para avisarles de que el bebé había nacido.
Después de terminar sus estudios en Hogwarts, Luna se había ido a hacer un viaje por el mundo y desde entonces nadie había vuelto a saber de ella.
- ¡Luna! -exclamó Harry levantándose de un brinco. -¿Qué haces aquí?
- Hola, Harry. -a pesar de los años, Luna seguía teniendo el mismo tono soñador de siempre. -Estoy... bueno, creí que debía venir, no sé. ¿Qué haces tú aquí?
- Ginny ha dado a luz. -respondió Harry sorprendido por la respuesta de la mujer.
- Oh, vaya, que bien. Enhorabuena. -sonrió Luna. -¿Qué es?
- Esto... aún no lo sé, ¿quieres entrar?
Ambos entraron en la habitación en la que ya estaban todos alrededor de Ginny. La mujer sostenía un bulto entre los brazos y sonreía, feliz.
- ¡Luna! -exclamó cuando vio a su vieja amiga. -¡Qué alegría, Luna!
- Hola, Ginny. Bonita niña. -observó Luna. -¿Cómo se llama?
Harry y Ginny se miraron durante un momento. ¿Cómo se iba a llamar?
- Lily Luna Potter. -acabó por responder Ginny.
- Suena bien. -coincidió Teddy.
Eran casi las once cuando Harry y Teddy se aparecieron en la estación de King's Cross. Entraron atropelladamente por el andén nueve y tres cuartos y Harry tuvo que encantar al baúl y a la jaula de Gwelion para subirlas al tren.
- ¡Qué te vaya bien! -se despidió Harry mientras el tren empezaba a moverse.
- ¡Mándame fotos de Lily! -pidió Teddy asomándose por una de las ventanillas.
Poco a poco, el tren fue tomando velocidad y la figura de Harry haciéndose cada vez más y más pequeña. Teddy buscó a Martin por todos los compartimientos hasta dar con él en el último.
- Hola, tío. -le saludó el chico cuando entró. -¿Dónde estabas? No te vi en el andén.
- Ginny se puso de parto. -explicó Teddy. -Fuimos a San Mungo y casi no llego.
- Oh, vaya, guay. ¿Niño o niña?
- Niña, se llama Lily Luna.
- Bonito. ¿Qué tal las navidades? -cambió Martin de tema.
Los ojos de Teddy se iluminaron y su cabello adquirió un tono verde chispeante.
- ¡No te vas a creer lo que me regaló mi padrino! -exclamó mientras rebuscaba en su bolsa. -¡Es una pasada! -añadió mientras sacaba el mapa del merodeador.
Martin cogió el mapa y lo miró con el ceño fruncido.
- Mmm... no sé que puede tener de interesante un trozo viejo de pergamino... -masculló.
- ¡Es mucho más que eso! Mira. -dijo Teddy mientras le daba un golpecito con la varita.
Los ojos de Martin se abrieron como platos cuando el mapa de Hogwarts empezó a aparecer.
- ¿¡Qué es esto!?
- Esto. -dijo Teddy con una sonrisa. -Es un invento de mi padre y sus amigos del colegio.
Y se pasó todo el viaje contándola la historia de Lunático, Canuto, Cornamenta y Colagusano. Le explicó todo lo que Harry le había contado a él sobre esos cuatro amigos inseparables protagonistas de un montón de anéctodas divertidas. Martin soltaba de vez en cuando exclamaciones de admiración y sorpresa.
- Que pasada. Tu padre debía de ser genial. -silvó el chico.
Teddy se encogió de hombros.
- Supongo. -dijo como quién no quiere la cosa. -Harry me dijo que era el más prudente de todos...
- Bueno, bueno... -Martin cogió el mapa del merodeador. -Supongo que tendremos que ser los siguientes Merodeadores, ¿no?
- Solo somos dos, y ellos eran cuatro. -observó Teddy.
- Todavía nos quedan seis años y pico en Hogwarts, ya los encontraremos.
Conocieron al tercer Merodeador mucho antes de los que habrían imaginado.
Era un sábado por la tarde y hacía ya dos semanas que habían acabado las vacaciones de Navidad.
Martin y Teddy caminaban por los pasillos de Hogwarts discutiendo si debían usar o no el pasadizo que llevaba a Honydukes.
- ¡Eso es pasarme mucho, Martin! -decía Teddy. -¡Una cosa es salir por las noches a dar una vuelta por el castillo y otra salir de los terrenos del castillo!
- Pero venga, Teddy, si solo sería un momento... -seguía insistiendo Martin. -¿No te mueres de ganar por ir a Hogsmeade?
- Ya he estado. -contradijo Teddy. -Cuando era más pequeño fui varias veces con mi abuela.
- Hogsmeade es un pueblo muy bonito. -los sobresaltó un vocecilla aguda.
Ambos se dieron la vuelta rápidamente para descubrir a una chica de Ravenclaw que llevaba un pesado libro entre los brazos. Era una cabeza más baja que ellos, con el cabello oscuro recogido en una trenza que le caía sobre la espalda, y dos grandes y azules ojos que parecían de cristal destacando sobre su piel pálida.
- Y opino que Honydukes es la mejor tienda de dulces de mundo. -continuó la niña.
- Un momento, ¿has oído toda nuestra conversación? -le cortó Martin.
La niña asintió.
- No os preocupéis, no pensaba decirle a nadie lo de vuestro mapa. -les tranquilizó. -Pero a lo mejor me dejáis ir con vosotros...
- ¿Y por qué, eh? -Martin la miró con el ceño fruncido.
Teddy le dio un codazo.
- Esto, no creo que lleguemos a ir.
La niña se encogió de hombros.
- Está bien. Por cierto, me llamo Cornelia Lemacks . -se presentó.
- ¿Cómo? -Martin arqueó las cejas.
- Cornelia. -repitió la niña sin percatarse del matiz burlón del chico. -Pero me llaman Corie.
Teddy le dio un codazo a Martin antes de que empezase a reirse.
- Yo soy Teddy Lupin, y él es mi amigo Martin Jefferson.
Corie les dirigió una sonrisa.
- Lo sé. Bueno, me tengo que ir, adiós.
Y los dos amigos observaron como la niña se marchaba dando saltitos.
que lindo y me imagino que cori se va a unir al grupo jejeje
que linda historia
siguela
yo t seguire apoyando
pero ginny no ya habia teniado a james?
yo no recuerdo que estaba embarazada otra vez
bueno besitos y nos vemos
andreovska
Harry y Ginny tuvieron tres hijos:
-James Sirius Potter
-Albus Severus Potter
-Lily Luna Potter
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